domingo, 13 de febrero de 2022

Tras las huellas de la Señora Yiya

Algunas veces, en la vida, encontramos gente especial, gente que sin querer llama nuestra atención, no por su apariencia física sino por otras cosas que no se ven a simple vista, y que sin embargo son más llamativas que cualquier aspecto mundano.

Son personas que, con las características propias de su ser, hacen que en cada paso que den, dejen una huella profunda, de esas huellas que todos quisiéramos seguir porque sabemos que nos llevan por un buen camino.

Itatí conoció alguien que hace poco dejó de caminar en esta comunidad, alguien que marcó el camino de varias generaciones dejando un sinfín de huellas, no solo por el largo camino recorrido sino por la profundidad de cada paso que ha dado en la comunidad Itateña, ella es la “Sra Yiya”, una mujer como cualquiera pero a la vez única, una persona con carácter firme pero también con un corazón inmenso.

Lilian Hebe Marcomini había nacido en Laboulaye Córdoba el 14 de febrero de 1930, le tocó ser la mayor de dos hermanas y a temprana edad tomar responsabilidades tras el fallecimiento de su madre. Su vida continuó en Corrientes Capital al trasladarse su familia, y entonces se interesó por estudiar magisterio, se había dado cuenta que su vocación era la de enseñar, por eso estudió también profesorado de religión, como conjugando dos formas de servir a los demás: enseñar ciencias a niños y jóvenes, y alimentar la vida espiritual de los adultos por medio de la catequesis.

En 1953 se casó con Isaac Ramón Niella un maestro y comerciante itateño, y fue entonces cuando no dudó en trasladarse al pueblo de su esposo y ser una más en la tierra de la Virgen.

Yiya, se había convertido en Lilian Hebe Marcomini de Niella, y tenía muy claro que la Virgen de Itatí le había hecho un gran regalo llevándola hasta su lugar, y ese gran regalo no podría agradecerlo de otra forma sino por medio del servicio. El tiempo fue pasando no en vano, porque mientras enseñaba en las Escuelas primarias (Nacional N° 276 y Parroquial) fue voluntaria en el Cottolengo; integró numerosas comisiones con fines benéficos, apostolados y cofradías, todas en la búsqueda del bien común, y  siempre en procura de que su pueblo adoptivo avanzara honradamente bajo la protección de la Virgen.

Las actividades políticas de su esposo y dirigente Tata Niella,  le sirvieron para adentrarse más aun a la idiosincrasia lugareña y darse cuenta de que el futuro de muchos jóvenes se veía acotado por un sistema educativo incompleto en Itatí, así surgió la idea, junto a un grupo de colegas docentes, de fundar la primera escuela secundaria del pueblo, la Escuela Normal Provincial Superior “Dr Pedro Bonastre”, un sueño que vio realizarse en 1962.

En 1975 Monseñor Jorge Manuel López, Arzobispo de Corrientes, la designa “Camarera de la imagen de Nuestra Señora de Itatí”, título que aceptó con mucho orgullo pero con más responsabilidad. Comenzaba una nueva etapa en su vida, y junto a las Señoras con quienes compartía esta singular y honrosa actividad, tenía el desafío de hacer que la Madre de todos se viera siempre radiante tal cual es, aunque era consiente, y como manifestara en más de una ocasión, “Una hace lo posible, pero Ella siempre nos ayuda con su belleza natural”.

Numerosos viajes, visitas a otros santuarios marianos, congresos y encuentros pastorales fueron la inspiración de innovaciones que se tradujeron en acciones  en sus actividades apostólicas. Algunas perduraron en el tiempo, otras dieron paso a importantes cambios en la cotidianidad pueblerina de Itatí, que la fue considerando como una referente importante, a tal punto de haberla declarado Ciudadana Ilustre en 2014, y premiado con la distinción “María de Itatí” en 2015 en manos de las autoridades eclesiásticas.

Recordar a la Señora Yiya es hacer presente a una persona que corregía con caridad y enseñaba con dignidad, haciendo que quienes la escucharan sintieran corresponderla como hijos, tal vez sustituyendo aquellos que la vida biológicamente no le había dado, pero espiritualmente se habrían reproducido tanto como las obras que ella había emprendido.

El 4 de septiembre de 2015, el pueblo de Itatí despertaba con la sorpresiva noticia de su partida, pero ese mismo pueblo, el que la adoptó y el que ella misma decía pertenecer, entendió que la Virgen a la que tantas veces vistió en la tierra, necesitaba otra Camarera en el cielo.

Había llegado la hora de dejar que esas huellas que mostraron el camino del bien para muchas generaciones, quedaran para siempre marcadas por medio del recuerdo traducido en acciones para las generaciones venideras.

Recordarla en volver a sentirla en el corazón, y si pasa por el corazón, seguro nos llevará a una de sus muchas buenas acciones. Que el ejemplo de vida de la Señora Yiya nos impulse a imitar sus obras por el bien de nuestra comunidad y de quien las necesite.

Teresita González Azcoaga

23/04/2016 

Articulo publicado en Revista "El Mensajero de Nuestra señora de Itatí" - Edición Especial 100 años -  Julio 2016




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