Hace muchos pero muchos años, antes de ingresar a la escuela primaria, tenía la costumbre de jugar al negocio vendiendo cualquier cosa a mis clientas (que eran mis muñecas). Para mi, lo más atractivo de mi negocio, no era el rubro que cambiaba al instante de acuerdo a mi ocurrencia, sino la caja registradora que tenía siempre llena de "platitas". Los pequeños billetes eran los papelitos identificadores de te: los amarillos habían muchos (eran los de te negro), sin embargo los verdes (de te de boldo) y rojos (de te de manzanilla) no habían tantos. Cada papelito representaba un billete, y aunque no tenía idea de la cifra, generalmente al rojo le ponía más valor porque siempre era el que tenía menos, entonces: los rojos valían "muchos pesos", los verdes "más o menos" y los amarillos valían "pocos pesos". Esa era la unidad monetaria de mi imaginario negocio. La "caja registradora" era una caja maple para seis huevos y se cerraba con una banda elástica (supuesta cerradura) para que nadie me robara la plata, tenía el sonido imaginario al abrir la caja y generalmente ingresaba "mucho dinero" y los vueltos eran muy escasos. Un día alguien me dió la idea de tener "más plata" arrancando las hojas de una planta, y al principio me gustó la idea de esa "emisión monetaria totalmente desregulada", aunque la decepción vino cuando las hojas verdes se volvieron amarillas y recordé que papá decía que los billetes falsos eran los únicos que podian cambiar de color. No se cuánto tiempo después, pero sí se que en mi 5to cumpleaños me regalaron un pequeño supermercado con mercadería de plástico lista para armar góndolas, fue uno de los mejores regalos que tuve. El supermercado también tenía monedas, pero no billetes. En Argentina el peso se iba devaluando dando paso al austral, no entendía lo que eso significaba pero escuchaba decir que los billetes valían más que las monedas, así que estuvo más vigente que nunca mi caja registradora llena de "platitas" cuadradas de tres colores. Cuando termiaba de jugar al negocio, les enseñaba a mis clientas (las muñecas) qué "plata" valía mas y cómo debían guardar sus billetes para que pudiesen comprar todo lo que quisieran.
HISTORIAS EN REDES
sábado, 11 de enero de 2025
Las platitas
sábado, 15 de octubre de 2022
Octubre de mamá, octubre rosa
Este mes de
octubre no sé por qué motivo tuve la oportunidad de ver, encontrarme y
participar de varias campañas del “Octubre rosa”. No me gusta el morbo ni hacer
apología del sufrimiento, pero sí me parece muy necesario dar testimonio para
que a otros les sirva, porque le puede pasar a cualquiera de tu familia, amigas
o conocidas, ninguna persona está exenta de encontrarse con “la masa de tejido
descontrolada” llamada tumor o con “vasos linfáticos dañados” como fue el
diagnóstico que tuvo mi mamá en al año 2002. Yo estuve en el diagnóstico, en
cada una de sus sesiones de quimioterapia, busqué información, compartí la
angustia con una amiga cuya madre tenía casi el mismo diagnóstico, leí todo lo
que estuvo a mi alcance y escuché muchas historias relatadas en primera persona
por otros pacientes del entonces Instituto Fénix. Lo de mi mamá fue un cáncer “leve”
porque fue diagnosticada a tiempo, pero eso no hizo menos dura la espera de
resultados del estudio histopatológico, las reacciones a la quimioterapia y más
tarde los resultados de cada control. En esa época conocí a una Yuly mucho más
fuerte, y le pusimos “mucha onda” en cada etapa y con su corte de cabello, luego
al elegir la peluca y después con su nuevo color que hasta ahora pido lo
mantenga porque representa esa nueva etapa de nuestra vida. De la fila de sillones
en la sala de quimio, no todas pudieron llegar a elegir la peluca ni el nuevo
corte y color de cabello, por eso, en este día tan especial en nombre de las
que quedaron y las que tuvieron que irse, que no son vencedoras ni vencidas
sino más bien todas heroínas de la vida, recordémoslas y agradezcamos su vida haciéndonos
conscientes, sensatas, reflexivas que el diagnóstico temprano salva. Hoy el
marketing del lazo rosa nos enseña y recuerda lo que debemos hacer, pero
depende de nosotras que hagamos caso y en
este día de la madre, día de festejos, pueda ser una linda fecha para tomar la decisión de hacernos un buen control. El cáncer
de mama detectado a tiempo tiene hasta un 95% de probabilidad de cura. ¿Qué estamos esperando para empezar a actuar?
sábado, 19 de febrero de 2022
Cuenta Conmigo
Soy una convencida de que muchas veces estamos en el lugar correcto y la hora correcta. Y me podrían preguntar ¿Qué es lo correcto? Esas casualidades, que los creyentes llamamos Diosidencias, que te llevan a encontrar aquello que andabas buscando.
Y yo andaba buscando, hacía ya bastante tiempo,
una actividad, un apostolado, un grupo, algo que me llevara a hacer algo por
los demás. El tiempo no me sobraba, pero sentía que podía acomodarlo para hacer
algo por los demás. Tal vez era una necesidad, porque nunca estuve conforme con
una vida donde Dios solo esté presente en la oración, también necesitaba hacer
obras, como si quisiera “transferir” a otras personas todo el bien recibido.
Y así fue que un día, al finalizar una misa,
(esas cortitas de días laborales en Nazareno) Claudio Gelmi (El Padre Claudio)
hizo una invitación que llamó mi atención: invitó a todas aquellas personas que
quisieran formar parte de un grupo de voluntarios para visitar el hospital
Pediátrico de Corrientes. La idea me generó entusiasmo, pero tenía que
asegurarme de que ese entusiasmo no fuese pasajero ya que nunca me gustó
comprometerme para después abandonar ante el primer obstáculo.
Ya en casa, comenté a mi hermano Horacio que
esa invitación había llamado mi atención, él me dijo lo mismo, también estaba
interesado, y en ese momento no me convencía la idea de que los dos perteneciéramos
a un mismo grupo, pensaba que, nosotros, al ser tan diferentes, afectaríamos la
dinámica del futuro grupo. Era solo prejuicio que tenía en ese momento. Lo cierto
es que ambos, por separado, hablamos con el Padre Claudio y luego nos confirmó
día y hora de una reunión informativa.
No recuerdo la fecha, pero sí tengo muy
presente las expectativas que tenía por asistir a esa reunión. Y fui con todo
el entusiasmo dispuesta a escuchar. El padre comenzó contando la idea de formar
un voluntariado que se dedicara a visitar a niños internados en el Hospital
Pediátrico de Corrientes, en el sector de oncología, la idea venía trabajando
con Florencia y Josefina, dos estudiantes de medicina, esto se sumaba a la
experiencia que tenía Gelmi en un voluntariado de España donde acompañaban a
adultos que se encontraban en cuidados paliativos por causa de la misma
enfermedad.
Este proyecto me parecía muy atractivo, fuerte,
pero sobre todo desafiante. En ese momento pensé que yo estaba preparada para
hacer ese “trabajo” ya que pocos años atrás había acompañado a mi mamá en su
tratamiento oncológico que había resultado exitoso.
Fuimos a casa con una consigna muy clara:
discernir si queríamos formar parte del voluntariado, y al estilo de Ignacio de
Loyola, debíamos rezar la decisión haciendo caso a nuestras mociones.
Cada día me sentía más entusiasmada por formar
parte de este grupo, aunque no sabía por dónde empezar, ni siquiera conocía el
hospital por dentro. Pero las reuniones siguieron y empezamos a estudiar sobre
voluntariado, dinámicas en los hospitales y formas de acompañar a los que
sufren.
La formación que nos brindó el Padre Claudio
Gelmi fue excelente, no solo en lo que se refiere a la dinámica de un
voluntariado, sino también en el aspecto humanitario. “Personas que ayudan a
personas, porque el dolor compartido duele menos”, nos decía en cada reunión
donde se iba formando un grupo de amigos.
Los meses fueron pasando, tal vez dos o tres, y
cuando empezamos los trámites para poder ingresar al hospital, hubo una reunión
de Gelmi con la Directora del hospital con una nota de por medio que avalaría
nuestro ingreso. Por cuestiones de coordinación de días y horario, el primer
equipo en ir fue el de mi hermano, ellos irían los días miércoles, y con mi
equipo visitaríamos los viernes. Al principio fue difícil el ingreso al
hospital, no teníamos nombre, solo éramos “un grupo de voluntarios de la
Iglesia Jesús Nazareno” y eso no bastaba para que los guardias dejaran pasar,
había que mostrar algo más que acreditara nuestra identidad. Nuestra paciencia
se puso a prueba en más de una ocasión, ya que parecía imposible que el personal
de seguridad nos dejara ingresar, pero mientras tanto, seguimos preparándonos para
contar cuentos.
Un día el Padre, después de hablar nuevamente
con las autoridades nos fabricó unas credenciales que sirvieran de pase a esas
tan ansiadas visitas, y con ellas empezamos a ingresar. No llevar la credencial
significaba no poder entrar al hospital, así que después de los libros de
cuento, fue el elemento más importante de ese “kit” que se empezaba a armar en
cada mochila.
Me acuerdo como si fuese ayer la primera visita
que hice, yo estaba nerviosa, y como éramos solo tres en mi equipo, nos
distribuimos al azar las habitaciones a las que ingresaríamos. A mí me tocó
conocer a Lucila y su mamá.
Lucila tenía tres años, era del interior de
Corrientes y tenía tres hermanos varones más grandes que ella. Me dio
escalofríos la coincidencia de su posición en la familia, era como la mía. La
mamá hablaba mucho, y lagrimeaba un poco, se la notaba angustiada, pero con
ganas de participar en el cuento que yo leía. Eso también me resultaba muy
familiar, era como si estuviese viendo un reflejo de mi infancia, exceptuando
ese difícil momento que nunca lo había vivido.
Lucila era algo tímida, tenía miedo a las
agujas, es que en pocos días ya le habían hecho muchas pruebas, y encima
extrañaba a sus hermanos, sobre todo a uno que siempre jugaba con ella.
Esa tarde salí del hospital con una montaña
rusa de sentimientos, y con la certeza de que aquello que sabía sobre el cáncer
era insignificante para este voluntariado que ya estaba empezando a dejar
huellas profundas en mi vida.
Cada domingo, luego de misa de 21hs teníamos
reunión, donde comentábamos cómo nos había ido en nuestra visita semanal,
aparecían ideas y necesidad de ir más veces durante la semana, pero el padre
Claudio con gran tino siempre nos aconsejó que cada equipo fuera solo un día,
es que, para ayudar, había que cuidar nuestra salud física y emocional.
Los meses del año 2010 fueron pasando, llegaron
nuevos integrantes y nuestro grupo sin nombre se fue dando a conocer.
Comenzamos a contar a nuestros amigos en qué andábamos. Recuerdo que una noche,
cenando con mis compañeras de facultad, dije que quería contarles algo, y al
relatar mi experiencia en este grupo, la respuesta de una de ellas fue: “Tere,
estás loca, vos vas para atrás, en lugar de hacer algo divertido, estás
haciendo algo que te entristece”. Otra me dijo; “Estás un poco loca, pero sos
valiente chamiga” y el resto se calló. Con esas reacciones que habían calado
hondo fui a la siguiente reunión y comenté mi experiencia, y tan grande fue mi
sorpresa que la mayoría de mis compañeros también habían recibido el calificativo
de “locos”. Desde ese momento nos empezamos a llamar “locos”, y nos gustaba
asemejarnos al más “loco” de todos los tiempos: Jesús.
Comenzamos un nuevo año y debíamos tener un
nombre, algo con el cual la gente nos conociera, en el hospital ya no solo
contábamos cuentos, también jugábamos e íbamos adaptando nuestras actividades
de acuerdo a la dinámica de la enfermedad. Muchas veces pintamos, leímos
cuentos, jugamos a las cartas, cantamos, otras tantas escuchamos a la familia.
Esos niños desconocidos se convirtieron en “los peques” nuestros amiguitos del
“hospi”.
Antes de elegir un nombre hicimos una larga
lista de todo aquello que se nos ocurría, hasta pusimos en la lista un nombre
en guaraní, pero después de mucho pensar, votamos y así surgió “Cuenta
Conmigo”. Este nombre tuvo su origen haciendo referencia a nuestra primera
actividad: contar cuentos y como un juego de palabras, se nombraba uno de los
pilares fundamentales de nuestro voluntariado: el compromiso. Decir Cuenta
Conmigo era decir que podían contar con nosotros, en lo que podamos servir. Al
familiarizarnos con el nombre surgió nuestro apodo: “Los cuentas”, como así
también sus conjugaciones “Soy una Cuenta” “Nosotros los Cuentas”.
Luego del nombre vino el logo, que fue otro
desafío, una actividad muy linda que nos permitió compartir ideas, ocurrencias
fortaleciendo el sentido de pertenencia. El logo elegido lo hizo Celeste, una
ronda de niños de diferentes etnias, pero en el centro faltaba algo, y lo
pusimos: el monograma que Ignacio de Loyola, siglos atrás, había creado para su
Compañía de Jesús. Nada más apropiado podía estar en el centro que el “IHS”,
Jesús nos había convocado para esta misión, y Él era nuestro eje.
Si me detengo a pensar en el número de visitas,
siento que pasó un siglo desde entonces, pero si pienso en la experiencia de
cada visita me quedo corta escribiendo estas pocas páginas, ya que gracias a
“El Cuenta” conocí a tantos “peques” que me enseñaron a valorar cada día, cada
segundo que respiro, como también a habilitar un camino alternativo para que
los problemas cotidianos no obstaculicen la ruta que elijo transitar tratando
de ser humana.
Tres años habían pasado desde la fundación del
Cuenta, cuando empezamos a despedirnos para siempre de algunos peques. Esos
momentos fueron duros, tristes, de una incontrolable interpelación a algo tan
contradictorio como es la muerte de niños. Pero en cada “bombardeo” que nos
llevaba al duelo, aparecía nuevamente el mejor legado de Jesús: la fe. Y así,
como aprendimos a ser constructores de sonrisas, también elegimos ser custodios
celosos de los mejores recuerdos y enseñanzas que cada peque nos regaló.
En once años, “El Cuenta” pasó por varios
estadíos, uno de ellos fue la prolongación del “amor en acción” en otras
provincias, Chaco, Santa Fe, Buenos Aires, Entre Ríos y Jujuy se sumaron a esta
red de “locos” y a pesar de la distancia física aprendimos a querernos, por ese
punto en común que nos hermana: hacer reír a los peques.
En varias ocasiones me pidieron que defina en
pocas palabras el significado que le doy a Cuenta Conmigo, y a pesar de los
numerosos intentos por dar una definición, no encuentro palabras para expresar
el sentimiento que genera propiciar una carcajada, crear unos minutos de
expectativa para un juego, para una sorpresa o bien, parar un poco la vorágine
semanal para meternos en el mundo de los peques, ese mundo que por momentos se
vuelve árido por la situación que viven, pero donde predomina la inocencia y el
amor que regalan en una sonrisa.
Atrás y sin sentido quedaron mis prejuicios,
hoy mi hermano Horacio sigue tan firme en “El Cuenta” como yo, y todo lo que
creía saber sobre el cáncer quedó absolutamente obsoleto y superado por juegos,
cantos y hasta disfraces.
Todavía sigo sin poder dar una definición, pero
tengo muy claro que, Cuenta Conmigo en su redescubrimiento constante, me regaló
amigos y momentos que superan la ciencia, formación, currículum y trabajo,
sencillamente porque, aun creyendo, aumentó al mil porciento mi fe.
Teresita González Azcoaga
19/02/22
domingo, 13 de febrero de 2022
Tras las huellas de la Señora Yiya
Algunas veces, en la vida, encontramos gente especial, gente que sin querer llama nuestra atención, no por su apariencia física sino por otras cosas que no se ven a simple vista, y que sin embargo son más llamativas que cualquier aspecto mundano.
Son personas que, con las
características propias de su ser, hacen que en cada paso que den, dejen una
huella profunda, de esas huellas que todos quisiéramos seguir porque sabemos
que nos llevan por un buen camino.
Itatí conoció alguien que hace
poco dejó de caminar en esta comunidad, alguien que marcó el camino de varias
generaciones dejando un sinfín de huellas, no solo por el largo camino
recorrido sino por la profundidad de cada paso que ha dado en la comunidad
Itateña, ella es la “Sra Yiya”, una mujer como cualquiera pero a la vez única,
una persona con carácter firme pero también con un corazón inmenso.
Lilian Hebe Marcomini había
nacido en Laboulaye Córdoba el 14 de febrero de 1930, le tocó ser la mayor de
dos hermanas y a temprana edad tomar responsabilidades tras el fallecimiento de
su madre. Su vida continuó en Corrientes Capital al trasladarse su familia, y
entonces se interesó por estudiar magisterio, se había dado cuenta que su
vocación era la de enseñar, por eso estudió también profesorado de religión,
como conjugando dos formas de servir a los demás: enseñar ciencias a niños y
jóvenes, y alimentar la vida espiritual de los adultos por medio de la
catequesis.
En 1953 se casó con Isaac
Ramón Niella un maestro y comerciante itateño, y fue entonces cuando no dudó en
trasladarse al pueblo de su esposo y ser una más en la tierra de la Virgen.
Yiya, se había convertido en
Lilian Hebe Marcomini de Niella, y tenía muy claro que la Virgen de Itatí le
había hecho un gran regalo llevándola hasta su lugar, y ese gran regalo no
podría agradecerlo de otra forma sino por medio del servicio. El tiempo fue
pasando no en vano, porque mientras enseñaba en las Escuelas primarias
(Nacional N° 276 y Parroquial) fue voluntaria en el Cottolengo; integró
numerosas comisiones con fines benéficos, apostolados y cofradías, todas en la
búsqueda del bien común, y siempre en
procura de que su pueblo adoptivo avanzara honradamente bajo la protección de
la Virgen.
Las actividades políticas de
su esposo y dirigente Tata Niella, le
sirvieron para adentrarse más aun a la idiosincrasia lugareña y darse cuenta de
que el futuro de muchos jóvenes se veía acotado por un sistema educativo
incompleto en Itatí, así surgió la idea, junto a un grupo de colegas docentes,
de fundar la primera escuela secundaria del pueblo, la Escuela Normal
Provincial Superior “Dr Pedro Bonastre”, un sueño que vio realizarse en 1962.
En 1975 Monseñor Jorge Manuel López,
Arzobispo de Corrientes, la designa “Camarera de la imagen de Nuestra Señora de
Itatí”, título que aceptó con mucho orgullo pero con más responsabilidad. Comenzaba
una nueva etapa en su vida, y junto a las Señoras con quienes compartía esta
singular y honrosa actividad, tenía el desafío de hacer que la Madre de todos
se viera siempre radiante tal cual es, aunque era consiente, y como manifestara
en más de una ocasión, “Una hace lo posible, pero Ella siempre nos ayuda con su
belleza natural”.
Numerosos viajes, visitas a
otros santuarios marianos, congresos y encuentros pastorales fueron la
inspiración de innovaciones que se tradujeron en acciones en sus actividades apostólicas. Algunas
perduraron en el tiempo, otras dieron paso a importantes cambios en la
cotidianidad pueblerina de Itatí, que la fue considerando como una referente
importante, a tal punto de haberla declarado Ciudadana Ilustre en 2014, y
premiado con la distinción “María de Itatí” en 2015 en manos de las autoridades
eclesiásticas.
Recordar a la Señora Yiya es
hacer presente a una persona que corregía con caridad y enseñaba con dignidad,
haciendo que quienes la escucharan sintieran corresponderla como hijos, tal vez
sustituyendo aquellos que la vida biológicamente no le había dado, pero
espiritualmente se habrían reproducido tanto como las obras que ella había
emprendido.
El 4 de septiembre de 2015, el
pueblo de Itatí despertaba con la sorpresiva noticia de su partida, pero ese
mismo pueblo, el que la adoptó y el que ella misma decía pertenecer, entendió
que la Virgen a la que tantas veces vistió en la tierra, necesitaba otra
Camarera en el cielo.
Había llegado la hora de dejar
que esas huellas que mostraron el camino del bien para muchas generaciones,
quedaran para siempre marcadas por medio del recuerdo traducido en acciones
para las generaciones venideras.
Recordarla en volver a
sentirla en el corazón, y si pasa por el corazón, seguro nos llevará a una de
sus muchas buenas acciones. Que el ejemplo de vida de la Señora Yiya nos
impulse a imitar sus obras por el bien de nuestra comunidad y de quien las
necesite.
Teresita González Azcoaga
23/04/2016
Articulo publicado en Revista "El Mensajero de Nuestra señora de Itatí" - Edición Especial 100 años - Julio 2016
jueves, 3 de febrero de 2022
Maestros Argentinos: Una experiencia inolvidable
Un día recibí una invitación de un colega, Germán Soto. Me proponía formar parte de un equipo de docentes para participar de un concurso. Con la intensidad y entusiasmo que caracteriza su relato, le contesté que siempre que fuese para el bien de la escuela, contara con mi apoyo, pero que al otro día y con más tiempo conversaríamos mejor.
Fui a casa solo con un nombre “Concurso
Maestros Argentinos” y con esa curiosidad empecé a buscar en internet de qué se
trataba el concurso. Con algo de información, al otro día volví a reunirme con
Germán y una vez obtenida la autorización por parte del equipo de conducción de
la Escuela, empezamos a trabajar para contar en qué consistía nuestra Expo
Beltrán.
La invitación se extendió a todos los docentes
de la escuela, cada uno debería aportar imágenes y experiencias de la
trayectoria de nuestra Expo Beltrán que, para entonces, llevaba cinco ediciones
y en su itinerario se evidenciaba la consecución de los objetivos generales
formulados inicialmente.
Con el correr de los días, se fueron
organizando equipos de trabajo cada uno con un referente, los equipos eran
quedaron conformados así: Ciclo Básico a cargo de Judith Camnasio, Formación Profesional
a cargo de Germán Soto, Tecnicatura en Automotores a cargo de Jorge Escobar,
Tecnicatura en Electricidad a cargo de Oscar Melgratti y Tecnicatura en Gestión
y Administración de las Organizaciones a cargo de Teresita González Azcoaga.
La conformación de equipos tenía como objetivo
principal recopilar toda la información, para contar por medio de un perfil de
Facebook el camino recorrido desde 2012 a 2016. En las bases del concurso se
solicitaba expresamente que no se incluyeran fotos ni videos, es por que
debíamos buscar la estrategia para mostrar aquello que habíamos hecho por años.
Así se le ocurrió a Germán, incorporar al informe diferentes enlaces que
transportaran a esas páginas.
Comenzamos a contar todo lo que habíamos hecho
durante años por medio de relatos, imágenes y videos en nuestra página. Fueron
madrugadas de mucho trabajo, al hecho de recopilar información, habría que
sumar el ordenamiento y la edición de aquel material. Recuerdo que un viernes
por la tarde, como responsable de mi tecnicatura, me senté a las 17hs a
terminar la edición de la página y terminé a las 3 de la mañana, ya que a las 8
de ese mismo día salía de viaje con unos amigos.
La escuela se movilizó para aportar
información, al final aquello que parecía, en un principio, no tener tanta
repercusión, se convirtió en un entusiasmo general no solo de estudiantes y
equipo docente, sino también de ex alumnos que comenzaron a participar como
protagonistas de este nuestro gran evento institucional llamado Expo Beltrán.
Entre los 20
Corría el mes de junio, todo estaba presentado,
solo habría que esperar algún tipo de información por parte de los
organizadores del concurso, pero las esperanzas estaban, ya que habíamos
contado nuestra experiencia y sobre todo, mostrado de mil maneras diferentes
que el objetivo de reducir la deserción escolar en nuestra escuela se había
logrado notablemente, como así también se había logrado fortalecer la cultura
institucional, el trabajo colaborativo, el sentido de pertenencia, se elevó el
número de ingresantes y se logró optimizar el proceso de selección de las tecnicaturas
por parte de nuestros estudiantes. Esto eran solo algunos de los objetivos que
con orgullo y prudencia contábamos en nuestro informe. Sabíamos, por la página
oficial del concurso, que habían más de 500 instituciones postuladas para este
premio, la ilusión estaba presente, como también así la prudencia al no crear
falsas expectativas en nuestros estudiantes.
Los días fueron pasando, hasta que el viernes 7
de julio luego del acto en conmemoración al Día de la Independencia Argentina,
estando yo en secretaría, veo a Germán Soto venir corriendo desde taller
gritando “¡estamos entre los 20!”. Con Griselda Muñóz, secretaria de la escuela
no entendíamos mucho, pero sabíamos era algo muy bueno, y es que nuestra Expo
Beltrán estaba postulada entre los 20 mejores proyectos del país. Un correo
electrónico lo confirmaba, y los mensajes entre docentes comenzaron a
reproducir la buena nueva.
Esa noche yo viajaba a Buenos Aires, y recuerdo
que estando en el aeropuerto de Resistencia todavía conversaba vía mensajes con
Germán preguntando si era cierta esta noticia. Yo no tenía dudas de que nuestro
trabajo era valioso, pero al haber tantas escuelas postuladas, tenía mucho
respeto hacia ellas.
Subí y bajé del avión pensando en el concurso
Maestros Argentinos, y todo el fin de semana lo seguí pensando. Era un logro
importantísimo para nuestra escuela, haber llegado a esta instancia ya era
ganar, pero también, entusiasmaba pasar a la siguiente fase. El próximo paso
consistía en hacer una presentación vía skype frente al jurado del concurso y
quedaban pocos días para ello.
Presentación ante el jurado
13 de julio de 2017 a las 10hs fue la fecha y
hora asignada para que el equipo de docentes que representaba a la Escuela
Técnica Fray Luis Beltrán tuviese una entrevista con el jurado del Concurso
Maestros Argentinos. Había que ser estrategas con el tiempo, ya que resultaría
escaso para contar todo aquello que queríamos sobre nuestra Expo Beltrán. Pero
como todo equipo de trabajo unido, no podíamos dejar fuera de esta experiencia
a los protagonistas de esta historia que estábamos escribiendo. Fue así como en
medio del patio interno de nuestra escuela se armó el telón, como en todo acto
importante, y se les invitó a todos los cursos del turno mañana a participar de
la conexión vía Skype con el jurado. Nuestros estudiantes sabían perfectamente
de qué se trataba esta entrevista, y por eso no hubo necesidad de negociar, el
respetuoso silencio se hizo presente ni bien salieron con sus sillas alrededor
del patio para ser testigos de algo trascendental que estaban viviendo es su
escuela, esa escuela de barrio que habían elegido para formar parte de ella.
Emoción, nerviosismo y ansiedad se conjugaban
con los celulares en alto para captar imágenes y videos de ese momento
impensado. Y comenzó la entrevista donde cada docente referente expuso sobre su
campo del saber trabajado, también hizo lo propio el Rector de la Escuela
Horacio Martínez quien dio una referencia general de la historia institucional.
Ocho fuimos las personas que tuvimos el honor
de hablar sobre nuestra Expo Beltrán, pero detrás de cámara y junto a nuestros
estudiantes estaba todo el personal docente y no docente en miles de detalles:
los que prepararon este escenario, el que manejaba la cámara de la computadora,
los que controlaban que no se cortara la conexión de internet y los que
acompañaban a los estudiantes.
Nuestra exposición finalizó con un paneo
general hacia ellos, los estudiantes, que con la euforia propia del momento
brindaron un fuerte aplauso a este acontecimiento increíble para todos. El
jurado, por su parte, tuvo el detalle de saludarlos y desearles éxitos en todo
lo que se viviera posteriormente. Yo en ese momento, al escuchar las palabras
del jurado, me atreví a pensar que pasaríamos a la siguiente etapa, pero solo
pensé, decirlo me parecía un acto de soberbia.
Entre los 10
Y así pasaron los días, llegó el receso de
invierno, y la esperanza crecía, hacía meses que el nombre de nuestra escuela
figuraba en diarios locales y portales regionales. Eso me enorgullecía, pero a
la vez incrementaba mi ansiedad.
El último viernes de vacaciones, recibí un
comunicado de Germán Soto, donde nos informaba que, para el martes siguiente,
debía preparar los stands de la última edición de la Expo Beltrán, ya que un
equipo del Ministerio de Educación iría a tomar registro audiovisual de los
trabajos más representativos de nuestra Expo Beltrán. Para ello, a primera hora
del día lunes, tuvimos que pedir autorización a todos los tutores para la
cesión de imagen y sonido, fue un trabajo agotador para los preceptores, ya que
las tomas serían generales y en un día normal de clases. Pero nuevamente
logramos, las autorizaciones estuvieron listas y los stands presentados con todo
esmero. Yo estaba a cargo del trabajo “360 soluciones verdes” que consistía en
la fabricación y comercialización de abono orgánico a partir de los desechos
que generaba nuestra escuela, pero no era el único de la Tecnicatura en Gestión
y Administración de las Organizaciones, también estaba un trabajo muy bien
logrado a cargo de Erika Acevedo con los estudiantes de 4to 1era, se llamaba
“Revolución de mercado” que mostraba la evolución del mercado al desarrollarse
códigos de comercio que dieron lugar a la aparición de las empresas actuales. La
Tecnicatura en Automotores presentaba “El auto eléctrico solar”, por su parte
la tecnicatura en Electricidad presentó “El Semáforo Azul” un proyecto que permitía
dar color verde a los vehículos en situación de emergencia (Policía, Bomberos,
Ambulancias y otra de color azul para advertir a los automovilistas,
motociclistas, ciclistas y peatones de la situación de emergencia. Por su parte
ciclo básico, trabajaba con robótica presentando diferentes tipos de robots
fabricados por los estudiantes y en la mayoría de los casos con productos
reutilizados.
La escuela estaba movilizada, las clases
continuaban, pero también había un aire festivo, como si estuviésemos viviendo
una Expo Beltrán, pero en invierno. En los recreos nos encontrábamos con
camarógrafos y personas extrañas a nuestra escuela que, al hablarnos con
admiración, alimentaban las ilusiones con las que hacía meses convivíamos.
El segundo día de visita, llovió por la mañana
y eso retrasó por algunas horas las grabaciones que debían hacerse en el sector
de taller, no obstante, los estudiantes que participarían de esas tomas,
estuvieron presentes y no se perdió el día de trabajo.
Recuerdo escuchar por la radio, que ese mismo
día, 1 de agosto de 2017, que visitaría Corrientes el entonces presidente de la
Nación Ingeniero Mauricio Macri, no dí mucha importancia, ya que estaba muy
enfocada con lo que estábamos viviendo en nuestra escuela. Pero al mediodía, al
salir de la escuela, se acerca nuestra inquieta Secretaria Griselda Muñóz y me
comenta que escuchó por radio que el presidente visitaría una escuela agro
técnica de Capital. Por un momento la miré, y le dije: “¿Seremos nosotros?
aunque no somos agro técnica, pero los periodistas se pueden equivocar”, ella
me respondió que estaba pensando lo mismo. Con esa inquietud fui a casa, debía
volver a las 14,30hs para seguir trabajando, y así fue, al volver, me encontré
en la entrada de la escuela con las mismas personas que había visto a la
mañana, eran cinco hombres de estaturas muy diferentes pero esta vez estaban vigilando
el ingreso de docentes y alumnos al taller, también noté que todos ellos tenían
auriculares puestos. Al entrar a secretaría Griselda me dijo: “Tere: ¡Somos
nosotros!” manejá la información con prudencia con tus alumnos y buscá un
estudiante que quiera darle la bienvenida en nombre del alumnado. En ese
momento Germán Soto solicitó que todos los trabajos que se estaban exponiendo en
el patio interno, se trasladaran al sector de taller. Tratando de mantener la
calma trasladamos todo y fue entonces cuando reuní a mis alumnos y a los
alumnos de Erika, les conté que vendría a visitarnos el presidente de la
Nación, que ellos debían exponer como siempre, con total naturalidad, respeto,
orgullo por el trabajo y humildad para escuchar devoluciones. También pedí si
alguien quería dar la bienvenida, entonces se ofreció con mucho entusiasmo
Rocío Sánchez Cubilla. Rocío era una buena estudiante, inquieta y simpática que
soñaba con entrar a la Armada Argentina, me reuní con ella durante algunos
minutos y me pidió que le enseñara qué debía decir. A Rocío le dije que pensara
dos cosas: primero: qué le diría a una persona que vista nuestra escuela, y
segundo qué le diría al presidente de la Nación. La dejé sola, en un aula por
diez minutos para que elaborara su mensaje y luego la escuché, no había nada
que sugerir, Rocío tenía muy claro lo que diría al Presidente de la Nación.
Pasó cerca de una hora, y la euforia y la
ansiedad de nuestros estudiantes iba creciendo, para entonces las puertas de la
escuela estaban cerradas y los estudiantes que iban para educación física solo
entraban con un preceptor que los acompañaba hasta la cancha. La señal de los
celulares empezaba a disminuir, y cada vez llegaban más periodistas. Como para
dejar constancia del momento histórico que estábamos viviendo se me ocurrió
escribir en la biografía de mi Facebook “Hoy el Presidente se convierte en
Beltraniano”, llamé dos minutos a mis padres para contar lo que estaba pasando
y envié un par de mensajes a mis hermanos y amigos.
Esperamos un poco más, y en esa espera se vivía
un clima de fiesta, de expectativa y de mucha emoción. No era Mauricio Macri
quien nos visitaba, era un Presidente de la Nación quien venía a ver lo que
hacíamos en nuestra querida escuela.
No me acuerdo qué hora era, pero si tengo la
imagen clara de todos los estudiantes del ciclo básico distribuidos
ordenadamente a lo largo del camino a taller, y los stands impecables en las
aulas de taller, cuando llego una camioneta gris y de ella bajó el presidente
de la Nación. Se acercaron a él el Vicerrector Daniel Céspedes, el entonces
Jefe de Taller Mario Rodríguez, el coordinador de la Expo Beltrán Germán Soto,
y la estudiante Rocío Sánchez Cubilla. Rocío me miró como esperando una señal
para comenzar a hablar, Germán dió la palabra y Rocío dijo: “me llamo Rocío Sánchez
Cubilla y en nombre de los estudiantes de nuestra Escuela Técnica Fray Luis
Beltrán quiero darle la bienvenida e invitarlo a que pase a ver lo que hacemos
acá”. El presidente reaccionó dándole un abrazo e inmediatamente comenzó su
recorrida. Con mis estudiantes fui al aula donde teníamos nuestro stand y
esperamos la visita, el grupo de custodios (a los que yo había visto todo el
día, sin saber quiénes eran) guiaban la visita y revisaban detalladamente cada
espacio, de repente entró la comitiva a nuestro salón, primero se dirigieron a
mirar el stand “Revolución de mercado” y luego visitó nuestro trabajo “360
soluciones verdes”. Los estudiantes presentaron el proyecto y nuevamente fue
Rocío quien tomó el frasco de abono orgánico e invitó a Macri a que observara
el producto diciéndole “Huela Señor presidente”, como confirmando la excelente
calidad de nuestro producto. No recuerdo con detalle que hablamos en ese
instante, solo atiné a pedirle una foto con mi grupo de estudiantes a los que
el presidente accedió sin problema, uno de los custodios nos tomó la foto, que
más tarde se volvió viral.
Al retirarse la comitiva, la escuela quedó
“revolucionada” los teléfonos volvieron a tener señal y los periodistas
entrevistaban a las autoridades, estudiantes y profesores. Los estudiantes del
proyecto “Semáforo azul” salieron a dar la buena nueva, es que el Presidente al
visitar su stand dijo una frase que todos queríamos escuchar: “Vengo a
comunicarles que están entre los 10 mejores proyectos del concurso Maestros
Argentinos”. Todo era perfecto, y nuestra escuela era el mejor lugar en el que
podíamos estudiar y trabajar.
El viaje
Una fecha teníamos en mente: 4 de septiembre de
2017, y el mes de agosto parecía correr tan lentamente que esa fecha parecía inalcanzable,
es que era el día en que sabríamos qué premio recibiría nuestra Escuela. Ese
día el equipo de docentes referentes debía estar presente en el Centro Cultural
Kirchner para traer el premio, que aún no sabíamos, ya que ese mismo día nos
enteraríamos de la posición en que había quedado nuestra Expo Beltrán. Pero
teníamos claro que estar entre los diez mejores proyectos educativos del país
ya nos hacía ganadores, estábamos felices, ansiosos, orgullosos, pero siempre
con los pies en la tierra.
El viaje se fue preparando, y en el devenir
vertiginoso de esos días, se olvidaron de incluirme en la lista de docentes
referentes, es decir, que la lista tuvo un error por parte de mi escuela.
Griselda Muñoz estaba muy afligida pidiendo mil
perdones, mientras Germán Soto trataba de subsanar el error comunicándose con
los organizadores, los pasajes ya estaban listos, y mi lugar estaba ocupado por
Walter Palacios, un gran referente de la Tecnicatura en Automotores.
Fiel a mis creencias de que “Dios todo lo
acomoda para bien” yo me preparé para viajar por mi cuenta, puesto que la
organización me otorgaba, sin costo, la entrada al evento y todas las
actividades de ese día. Entonces decidí viajar sola el viernes por la noche y
esperar al equipo docente que llegaría la noche del domingo, tal fue mi
sorpresa que, esperando colectivo en la terminal de Corrientes, me encontré con
la Profesora (de mi secundaria de Itatí) Elisa Paoloni, quien me dio su
característico abrazo y deseando éxitos. Sería la última vez que nos veríamos
en esta vida.
Al llegar a Buenos Aires me alojé en el
departamento de mi familia y ese día sábado caminé todo el día por la ciudad,
sola, sin prisa, pero con la cabeza puesta en el evento que nos esperaba. Mis
alumnos enviaban mensajes de aliento, y preguntaban miles de cosas, entonces,
estando en la Catedral de Buenos Aires les propuse mostrarles ese histórico
lugar donde además descansan los restos del Padre de la Patria. Así fue como un
sábado por la siesta dí mi primera clase vía WhatsApp, sin imaginar que tres
años después, con el advenimiento de una pandemia, ese formato pasaría a ser
una práctica docente.
La premiación
Lunes 4 de septiembre de 2017, llegó el
esperado día. Con mi uniforme impecable, fui hasta el hotel a sumarme a mis
compañeros para ir al Centro Cultural Kirchner, estaba estacionado un colectivo
que llevaría a los diez equipos docentes del país. El espíritu era festivo, nos
saludábamos con los docentes de otras provincias, intercambiamos chistes y
experiencias del viaje. Al subir al colectivo, también lo hizo un grupo de
estudiantes de Jujuy, no entendíamos por qué había estudiantes, ya que a
nosotros no nos habían permitido llevar alumnos. Llegamos al Centro Cultural y
luego de pasar por varios controles de ingreso, esperamos en el hall central,
en ese momento nos encontramos con el Rector Horacio Martínez, la secretaria
Lucy Rodríguez, el Jefe de Taller Mario Rodríguez y la Profesora Ramona
Rodríguez quienes habían hecho un maratónico viaje en auto para no perderse el
evento. Beltrán ya tenía once representantes, sumado a mi hermano Humbi que
pudo ubicarse en la platea para tomar las mejores fotos. Tal vez no teníamos la
hinchada bulliciosa que llevó la provincia de Salta, tampoco nos acompañaba la
Ministro de Educación como tenían casi todas las provincias, pero teníamos la
Bandera de Corrientes, esa que a último momento había puesto en mi equipaje, y
yo como siempre, en mi teléfono, la Bandera de Itatí. Para poder dejar algo de
registro de lo hermoso que estábamos viviendo, se me ocurrió hacer un video con
mi celular donde cada profe manifestaba sus sentimientos antes del inicio de
este evento. Ese video más tarde fue compartido con nuestros estudiantes.
Otra vez los celulares estaban quedando sin
señal, es por ello que antes de ingresar al salón azul, llamé a mis padres, y
envié varios mensajes a mis afectos, quería compartir un poco de toda esa gran
experiencia que estaba viviendo.
Ni bien permitieron el ingreso de nuestro
equipo al salón azul, donde sería la premiación, lo primero que vimos en la
enorme pantalla del escenario fue el audiovisual del auto eléctrico solar, fue
inexplicable la emoción que sentí al ver un poquito de nuestra Beltrán en tal
escenario.
Antes de comenzar el acto, se presentaron de
manera oficial los diez audiovisuales de cada escuela participante.
Respetuosamente aplaudíamos y felicitábamos a cada uno, todos eran excelentes,
nuestra Expo Beltrán no quedaba atrás.
El acto comenzó cuando el Presidente Mauricio
Macri llegó al lugar acompañado por el Ministro de Educación Alejandro
Finochiaro, y luego de las palabras protocolares de la Secretaria de Innovación
Mercedes Miguel, comenzó la premiación con las menciones especiales a aquellos
trabajos destacados en innovación. Continuó luego con la premiación a los diez
equipos.
El anuncio del décimo lugar lo escuchamos con
mucho detenimiento y fue para el proyecto “Las ciencias en el nivel inicial”
Club de ciencias "Galileo Galilei", jardín de infantes N°18
"Islas Malvinas Argentinas" de Santa Cruz. Luego nos preparamos para
escuchar el novemos lugar, y allí apareció proyecto “Expo Beltrán” de la
Escuela Técnica Fray Luis Beltrán de Corrientes, nuestra emoción fue tal que
quedamos como paralizados en nuestros lugares esperando que el equipo de
protocolo nos indicara por donde subir al escenario. Yo con la Bandera de
Corrientes en mano, no tardé en hacerla flamear orgullosamente en ese inmenso
escenario, como queriendo en ella mostrar no solo a toda nuestra comunidad
educativa sino también poner en alto la Educación Técnica y pública de nuestra
provincia de Corrientes. En ese momento que duró unos pocos minutos, quise
subirlos a todos al escenario, a los que estuvieron antes que yo en la escuela,
a los que confiaron en mi trabajo, a cada uno de mis estudiantes, a mis
maestros y profesores de mis escuelas de Itatí, a mi familia que siempre estuvo
apoyando mis locas ideas, y en especial a mi abuela Clotilde Niella de Azcoaga,
quien también vivió una experiencia similar cuando su querida escuela Nacional
obtuvo un reconocimiento nacional en manualidades.
La premiación continuó y los puestos quedaron
distribuidos de la siguiente forma: 8vo lugar para el proyecto "Sentir,
percibir, expresar: una forma de aprender" de Río Negro, séptimo lugar "Laboratorio
Móvil en domicilios y hospitales" de Salta, sexto lugar "Taller de
Robótica Educativa" de Río Negro, quinto lugar Proyecto de Asistencia
Social (PAS) BRAILLE de Río Negro, cuarto lugar "Escuela Secundaria Tekoa
Fortín Mbororé" de Misiones, tercer lugar "En el rincón de los
sueños, valoramos la primera infancia" de Tucumán, segundo lugar "Radio
Gutiérrez", una radio escolar con apoyo audiovisual de la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires, y el primer lugar obtuvo el proyecto "Producción de
recursos multimediales y audiovisuales para el desarrollo de experiencias de investigación
en la elaboración de productos tecnológicos para la comunidad regional y rural”
de Jujuy. Ahí entendimos que los estudiantes que habían subido al colectivo que
nos llevaba al Centro Cultural Kirchner eran de la Escuela de Jujuy.
Al terminar la premiación habló el Presidente
de la Nación y nos invitaron a subir al escenario a los diez equipos docentes
para realizar unas tomas, fue entonces que, con una mezcla de desparpajo y
emoción propios del momento, dije a Mauricio Macri: “¡Señor presidente, una
foto con los correntinos!” Se acercó, sin problemas diciendo: “¿Son los del
auto eléctrico?” y así se tomaron varias imágenes, muchas de ellas por mi
hermano desde la platea, que se reprodujeron en portales y diarios de
Corrientes.
Al terminar todas las tomas fotográficas, nos
dirigimos al hall principal donde nos brindaban un refrigerio para luego
trasladarnos nuevamente al hotel y esperar el vuelo de regreso, mientras
contestábamos los miles de mensajes de nuestros colegas, estudiantes y por
supuesto la familia y amigos. German Soto se encargaba de atender los llamados
de la prensa y comenzamos a ver en las redes la repercusión que había tenido
nuestra participación en este evento. Esa tarde no tuvimos ninguna actividad,
mi equipaje ya se encontraba junto a los de mis compañeros, entonces decidí a
dar unas vueltas, estaba muy emocionada, feliz y aturdida, lloraba con cada
mensaje recibido (cosa muy rara en mi), uno de esos mensajes decía: “Tere
queremos una foto” era en el grupo de whatsaap de mi promoción de la escuela
secundaria, fue ahí cuando pedí a Judith Camnasio que me tomara una foto
mostrando la Bandera de Itatí que tengo en mi celular, y así con los ojos
hinchados de llorar, publiqué en mis redes sociales agradeciendo la educación
pública recibida en mi pueblo. Esa cara con ojeras y lágrimas eran el reflejo
de los que estaba viviendo y no tenía por qué ocultar.
Esa noche llovió y a la madrugada salimos rumbo
a Aeroparque a tomar el vuelo de las seis.
El regreso
Salimos con llovizna de Buenos Aires y una hora
y media después retirábamos nuestros equipajes en aeropuerto Piragine Niveyro
de Corrientes. Griselda Muñóz se encargó de que todos fuéramos directamente
hacia la escuela y cerca de las ocho estuvimos allí como si fuera un día normal
de clases. Pero tal fue nuestra sorpresa, que nos recibieron con carteles
elaborados por nuestros estudiantes y la banda de la Policía de la Provincia, allí
entregamos la Bandera de Ceremonias, la medalla y el diploma que habíamos
custodiado celosamente por 24 horas. Nuestro recibimiento fue hermoso, cálido,
con un poco de glamur y con mucho cariño, como suelen ser los festejos en
Beltrán. Los abrazos y las fotos se reprodujeron mil veces, nunca voy a olvidar
un cartel que hicieron mis estudiantes de 7mo 1era que decía “Tere tiene
aguante”, y el pizarrón con un banner que decía “9no puesto Maestros Argentinos
bienvenidos ganadores”. Todo era fiesta y emoción, tanto es así que hasta
bailamos un chamamé (km 11) al son de la banda, y luego compartimos un gran
desayuno en secretaría. La lluvia intermitente no opacó el festejo, ni mucho
menos las ganas de seguir trabajando por una Educación pública de calidad.
La
experiencia “Maestros Argentinos, sin dudas quedará entre mis mejores
recuerdos, no como un evento de rasgo exitista, sino con el honor de haber
formado parte del primer equipo de docentes correntinos en conseguir este
galardón.
Este
reconocimiento no me encandiló, por el contrario, al otro día de haber llegado
a Corrientes, seguí trabajando como cada día en mi querida escuela. Al recordar
este premio renuevo mi compromiso con la Educación Técnica pero sobre todo con cada uno de
sus protagonistas: los estudiantes.
Las platitas
Hace muchos pero muchos años, antes de ingresar a la escuela primaria, tenía la costumbre de jugar al negocio vendiendo cualquier cosa a mis...

