sábado, 11 de enero de 2025

Las platitas

Hace muchos pero muchos años, antes de ingresar a la escuela primaria, tenía la costumbre de jugar al negocio vendiendo cualquier cosa a mis clientas (que eran mis muñecas). Para mi, lo más atractivo de mi negocio, no era el rubro que cambiaba al instante de acuerdo a mi ocurrencia, sino la caja registradora que tenía siempre llena de "platitas". Los pequeños billetes eran los papelitos identificadores de te: los amarillos habían muchos (eran los de te negro), sin embargo los verdes (de te de boldo) y rojos (de te de manzanilla) no habían tantos. Cada papelito representaba un billete, y aunque no tenía idea de la cifra, generalmente al rojo le ponía más valor porque siempre era el que tenía menos, entonces: los rojos valían "muchos pesos", los verdes "más o menos" y los amarillos valían "pocos pesos". Esa era la unidad monetaria de mi imaginario negocio. La "caja registradora" era una caja maple para seis huevos y se cerraba con una banda elástica (supuesta cerradura) para que nadie me robara la plata, tenía el sonido imaginario al abrir la caja y generalmente ingresaba "mucho dinero" y los vueltos eran muy escasos. Un día alguien me dió la idea de tener "más plata" arrancando las hojas de una planta, y al principio me gustó la idea de esa "emisión monetaria totalmente desregulada", aunque la decepción vino cuando las hojas verdes se volvieron amarillas y recordé que papá decía que los billetes falsos eran los únicos que podian cambiar de color. No se cuánto tiempo después, pero sí se que en mi 5to cumpleaños me regalaron un pequeño supermercado con mercadería de plástico lista para armar góndolas, fue uno de los mejores regalos que tuve. El supermercado también tenía monedas, pero no billetes. En Argentina el peso se iba devaluando dando paso al austral, no entendía lo que eso significaba pero escuchaba decir que los billetes valían más que las monedas, así que estuvo más vigente que nunca mi caja registradora llena de "platitas" cuadradas de tres colores. Cuando termiaba de jugar al negocio, les enseñaba a mis clientas (las muñecas) qué "plata" valía mas y cómo debían guardar sus billetes para que pudiesen comprar todo lo que quisieran.

Casi nunca tomo te, pero cada vez que veo los identificadores de colores, no puedo dejar de recordar "la platita" de mi vieja "caja registradora" de cartón.
Hoy, muchos pero muchos años después, en uno de los lugares donde jugaba "al negocio", y tomando un té que, casualmente tiene el color de "la platita que más valía", me vienen a la memoria detalles que, en el trajín cotidiano paso por alto, y sin embargo están bien guardados en la memoria, como aquellas platitas en la caja registradora de cartón.



sábado, 15 de octubre de 2022

Octubre de mamá, octubre rosa

Este mes de octubre no sé por qué motivo tuve la oportunidad de ver, encontrarme y participar de varias campañas del “Octubre rosa”. No me gusta el morbo ni hacer apología del sufrimiento, pero sí me parece muy necesario dar testimonio para que a otros les sirva, porque le puede pasar a cualquiera de tu familia, amigas o conocidas, ninguna persona está exenta de encontrarse con “la masa de tejido descontrolada” llamada tumor o con “vasos linfáticos dañados” como fue el diagnóstico que tuvo mi mamá en al año 2002. Yo estuve en el diagnóstico, en cada una de sus sesiones de quimioterapia, busqué información, compartí la angustia con una amiga cuya madre tenía casi el mismo diagnóstico, leí todo lo que estuvo a mi alcance y escuché muchas historias relatadas en primera persona por otros pacientes del entonces Instituto Fénix. Lo de mi mamá fue un cáncer “leve” porque fue diagnosticada a tiempo, pero eso no hizo menos dura la espera de resultados del estudio histopatológico, las reacciones a la quimioterapia y más tarde los resultados de cada control. En esa época conocí a una Yuly mucho más fuerte, y le pusimos “mucha onda” en cada etapa y con su corte de cabello, luego al elegir la peluca y después con su nuevo color que hasta ahora pido lo mantenga porque representa esa nueva etapa de nuestra vida. De la fila de sillones en la sala de quimio, no todas pudieron llegar a elegir la peluca ni el nuevo corte y color de cabello, por eso, en este día tan especial en nombre de las que quedaron y las que tuvieron que irse, que no son vencedoras ni vencidas sino más bien todas heroínas de la vida, recordémoslas y agradezcamos su vida haciéndonos conscientes, sensatas, reflexivas que el diagnóstico temprano salva. Hoy el marketing del lazo rosa nos enseña y recuerda lo que debemos hacer, pero depende de nosotras que hagamos caso y en

este día de la madre, día de festejos, pueda ser una linda fecha para tomar la decisión de hacernos un buen control. El cáncer de mama detectado a tiempo tiene hasta un 95% de probabilidad de cura. ¿Qué estamos esperando para empezar a actuar?


sábado, 19 de febrero de 2022

Cuenta Conmigo

Soy una convencida de que muchas veces estamos en el lugar correcto y la hora correcta. Y me podrían preguntar ¿Qué es lo correcto? Esas casualidades, que los creyentes llamamos Diosidencias, que te llevan a encontrar aquello que andabas buscando.

Y yo andaba buscando, hacía ya bastante tiempo, una actividad, un apostolado, un grupo, algo que me llevara a hacer algo por los demás. El tiempo no me sobraba, pero sentía que podía acomodarlo para hacer algo por los demás. Tal vez era una necesidad, porque nunca estuve conforme con una vida donde Dios solo esté presente en la oración, también necesitaba hacer obras, como si quisiera “transferir” a otras personas todo el bien recibido.

Y así fue que un día, al finalizar una misa, (esas cortitas de días laborales en Nazareno) Claudio Gelmi (El Padre Claudio) hizo una invitación que llamó mi atención: invitó a todas aquellas personas que quisieran formar parte de un grupo de voluntarios para visitar el hospital Pediátrico de Corrientes. La idea me generó entusiasmo, pero tenía que asegurarme de que ese entusiasmo no fuese pasajero ya que nunca me gustó comprometerme para después abandonar ante el primer obstáculo.

Ya en casa, comenté a mi hermano Horacio que esa invitación había llamado mi atención, él me dijo lo mismo, también estaba interesado, y en ese momento no me convencía la idea de que los dos perteneciéramos a un mismo grupo, pensaba que, nosotros, al ser tan diferentes, afectaríamos la dinámica del futuro grupo. Era solo prejuicio que tenía en ese momento. Lo cierto es que ambos, por separado, hablamos con el Padre Claudio y luego nos confirmó día y hora de una reunión informativa.

No recuerdo la fecha, pero sí tengo muy presente las expectativas que tenía por asistir a esa reunión. Y fui con todo el entusiasmo dispuesta a escuchar. El padre comenzó contando la idea de formar un voluntariado que se dedicara a visitar a niños internados en el Hospital Pediátrico de Corrientes, en el sector de oncología, la idea venía trabajando con Florencia y Josefina, dos estudiantes de medicina, esto se sumaba a la experiencia que tenía Gelmi en un voluntariado de España donde acompañaban a adultos que se encontraban en cuidados paliativos por causa de la misma enfermedad.

Este proyecto me parecía muy atractivo, fuerte, pero sobre todo desafiante. En ese momento pensé que yo estaba preparada para hacer ese “trabajo” ya que pocos años atrás había acompañado a mi mamá en su tratamiento oncológico que había resultado exitoso.

Fuimos a casa con una consigna muy clara: discernir si queríamos formar parte del voluntariado, y al estilo de Ignacio de Loyola, debíamos rezar la decisión haciendo caso a nuestras mociones.

Cada día me sentía más entusiasmada por formar parte de este grupo, aunque no sabía por dónde empezar, ni siquiera conocía el hospital por dentro. Pero las reuniones siguieron y empezamos a estudiar sobre voluntariado, dinámicas en los hospitales y formas de acompañar a los que sufren.

La formación que nos brindó el Padre Claudio Gelmi fue excelente, no solo en lo que se refiere a la dinámica de un voluntariado, sino también en el aspecto humanitario. “Personas que ayudan a personas, porque el dolor compartido duele menos”, nos decía en cada reunión donde se iba formando un grupo de amigos.

Los meses fueron pasando, tal vez dos o tres, y cuando empezamos los trámites para poder ingresar al hospital, hubo una reunión de Gelmi con la Directora del hospital con una nota de por medio que avalaría nuestro ingreso. Por cuestiones de coordinación de días y horario, el primer equipo en ir fue el de mi hermano, ellos irían los días miércoles, y con mi equipo visitaríamos los viernes. Al principio fue difícil el ingreso al hospital, no teníamos nombre, solo éramos “un grupo de voluntarios de la Iglesia Jesús Nazareno” y eso no bastaba para que los guardias dejaran pasar, había que mostrar algo más que acreditara nuestra identidad. Nuestra paciencia se puso a prueba en más de una ocasión, ya que parecía imposible que el personal de seguridad nos dejara ingresar, pero mientras tanto, seguimos preparándonos para contar cuentos.

Un día el Padre, después de hablar nuevamente con las autoridades nos fabricó unas credenciales que sirvieran de pase a esas tan ansiadas visitas, y con ellas empezamos a ingresar. No llevar la credencial significaba no poder entrar al hospital, así que después de los libros de cuento, fue el elemento más importante de ese “kit” que se empezaba a armar en cada mochila.

Me acuerdo como si fuese ayer la primera visita que hice, yo estaba nerviosa, y como éramos solo tres en mi equipo, nos distribuimos al azar las habitaciones a las que ingresaríamos. A mí me tocó conocer a Lucila y su mamá.

Lucila tenía tres años, era del interior de Corrientes y tenía tres hermanos varones más grandes que ella. Me dio escalofríos la coincidencia de su posición en la familia, era como la mía. La mamá hablaba mucho, y lagrimeaba un poco, se la notaba angustiada, pero con ganas de participar en el cuento que yo leía. Eso también me resultaba muy familiar, era como si estuviese viendo un reflejo de mi infancia, exceptuando ese difícil momento que nunca lo había vivido.

Lucila era algo tímida, tenía miedo a las agujas, es que en pocos días ya le habían hecho muchas pruebas, y encima extrañaba a sus hermanos, sobre todo a uno que siempre jugaba con ella.

Esa tarde salí del hospital con una montaña rusa de sentimientos, y con la certeza de que aquello que sabía sobre el cáncer era insignificante para este voluntariado que ya estaba empezando a dejar huellas profundas en mi vida.

Cada domingo, luego de misa de 21hs teníamos reunión, donde comentábamos cómo nos había ido en nuestra visita semanal, aparecían ideas y necesidad de ir más veces durante la semana, pero el padre Claudio con gran tino siempre nos aconsejó que cada equipo fuera solo un día, es que, para ayudar, había que cuidar nuestra salud física y emocional.

Los meses del año 2010 fueron pasando, llegaron nuevos integrantes y nuestro grupo sin nombre se fue dando a conocer. Comenzamos a contar a nuestros amigos en qué andábamos. Recuerdo que una noche, cenando con mis compañeras de facultad, dije que quería contarles algo, y al relatar mi experiencia en este grupo, la respuesta de una de ellas fue: “Tere, estás loca, vos vas para atrás, en lugar de hacer algo divertido, estás haciendo algo que te entristece”. Otra me dijo; “Estás un poco loca, pero sos valiente chamiga” y el resto se calló. Con esas reacciones que habían calado hondo fui a la siguiente reunión y comenté mi experiencia, y tan grande fue mi sorpresa que la mayoría de mis compañeros también habían recibido el calificativo de “locos”. Desde ese momento nos empezamos a llamar “locos”, y nos gustaba asemejarnos al más “loco” de todos los tiempos: Jesús.

Comenzamos un nuevo año y debíamos tener un nombre, algo con el cual la gente nos conociera, en el hospital ya no solo contábamos cuentos, también jugábamos e íbamos adaptando nuestras actividades de acuerdo a la dinámica de la enfermedad. Muchas veces pintamos, leímos cuentos, jugamos a las cartas, cantamos, otras tantas escuchamos a la familia. Esos niños desconocidos se convirtieron en “los peques” nuestros amiguitos del “hospi”.

Antes de elegir un nombre hicimos una larga lista de todo aquello que se nos ocurría, hasta pusimos en la lista un nombre en guaraní, pero después de mucho pensar, votamos y así surgió “Cuenta Conmigo”. Este nombre tuvo su origen haciendo referencia a nuestra primera actividad: contar cuentos y como un juego de palabras, se nombraba uno de los pilares fundamentales de nuestro voluntariado: el compromiso. Decir Cuenta Conmigo era decir que podían contar con nosotros, en lo que podamos servir. Al familiarizarnos con el nombre surgió nuestro apodo: “Los cuentas”, como así también sus conjugaciones “Soy una Cuenta” “Nosotros los Cuentas”.

Luego del nombre vino el logo, que fue otro desafío, una actividad muy linda que nos permitió compartir ideas, ocurrencias fortaleciendo el sentido de pertenencia. El logo elegido lo hizo Celeste, una ronda de niños de diferentes etnias, pero en el centro faltaba algo, y lo pusimos: el monograma que Ignacio de Loyola, siglos atrás, había creado para su Compañía de Jesús. Nada más apropiado podía estar en el centro que el “IHS”, Jesús nos había convocado para esta misión, y Él era nuestro eje.

Si me detengo a pensar en el número de visitas, siento que pasó un siglo desde entonces, pero si pienso en la experiencia de cada visita me quedo corta escribiendo estas pocas páginas, ya que gracias a “El Cuenta” conocí a tantos “peques” que me enseñaron a valorar cada día, cada segundo que respiro, como también a habilitar un camino alternativo para que los problemas cotidianos no obstaculicen la ruta que elijo transitar tratando de ser humana.

Tres años habían pasado desde la fundación del Cuenta, cuando empezamos a despedirnos para siempre de algunos peques. Esos momentos fueron duros, tristes, de una incontrolable interpelación a algo tan contradictorio como es la muerte de niños. Pero en cada “bombardeo” que nos llevaba al duelo, aparecía nuevamente el mejor legado de Jesús: la fe. Y así, como aprendimos a ser constructores de sonrisas, también elegimos ser custodios celosos de los mejores recuerdos y enseñanzas que cada peque nos regaló.

En once años, “El Cuenta” pasó por varios estadíos, uno de ellos fue la prolongación del “amor en acción” en otras provincias, Chaco, Santa Fe, Buenos Aires, Entre Ríos y Jujuy se sumaron a esta red de “locos” y a pesar de la distancia física aprendimos a querernos, por ese punto en común que nos hermana: hacer reír a los peques.

En varias ocasiones me pidieron que defina en pocas palabras el significado que le doy a Cuenta Conmigo, y a pesar de los numerosos intentos por dar una definición, no encuentro palabras para expresar el sentimiento que genera propiciar una carcajada, crear unos minutos de expectativa para un juego, para una sorpresa o bien, parar un poco la vorágine semanal para meternos en el mundo de los peques, ese mundo que por momentos se vuelve árido por la situación que viven, pero donde predomina la inocencia y el amor que regalan en una sonrisa.

Atrás y sin sentido quedaron mis prejuicios, hoy mi hermano Horacio sigue tan firme en “El Cuenta” como yo, y todo lo que creía saber sobre el cáncer quedó absolutamente obsoleto y superado por juegos, cantos y hasta disfraces.

Todavía sigo sin poder dar una definición, pero tengo muy claro que, Cuenta Conmigo en su redescubrimiento constante, me regaló amigos y momentos que superan la ciencia, formación, currículum y trabajo, sencillamente porque, aun creyendo, aumentó al mil porciento mi fe.

Teresita González Azcoaga

19/02/22








domingo, 13 de febrero de 2022

Tras las huellas de la Señora Yiya

Algunas veces, en la vida, encontramos gente especial, gente que sin querer llama nuestra atención, no por su apariencia física sino por otras cosas que no se ven a simple vista, y que sin embargo son más llamativas que cualquier aspecto mundano.

Son personas que, con las características propias de su ser, hacen que en cada paso que den, dejen una huella profunda, de esas huellas que todos quisiéramos seguir porque sabemos que nos llevan por un buen camino.

Itatí conoció alguien que hace poco dejó de caminar en esta comunidad, alguien que marcó el camino de varias generaciones dejando un sinfín de huellas, no solo por el largo camino recorrido sino por la profundidad de cada paso que ha dado en la comunidad Itateña, ella es la “Sra Yiya”, una mujer como cualquiera pero a la vez única, una persona con carácter firme pero también con un corazón inmenso.

Lilian Hebe Marcomini había nacido en Laboulaye Córdoba el 14 de febrero de 1930, le tocó ser la mayor de dos hermanas y a temprana edad tomar responsabilidades tras el fallecimiento de su madre. Su vida continuó en Corrientes Capital al trasladarse su familia, y entonces se interesó por estudiar magisterio, se había dado cuenta que su vocación era la de enseñar, por eso estudió también profesorado de religión, como conjugando dos formas de servir a los demás: enseñar ciencias a niños y jóvenes, y alimentar la vida espiritual de los adultos por medio de la catequesis.

En 1953 se casó con Isaac Ramón Niella un maestro y comerciante itateño, y fue entonces cuando no dudó en trasladarse al pueblo de su esposo y ser una más en la tierra de la Virgen.

Yiya, se había convertido en Lilian Hebe Marcomini de Niella, y tenía muy claro que la Virgen de Itatí le había hecho un gran regalo llevándola hasta su lugar, y ese gran regalo no podría agradecerlo de otra forma sino por medio del servicio. El tiempo fue pasando no en vano, porque mientras enseñaba en las Escuelas primarias (Nacional N° 276 y Parroquial) fue voluntaria en el Cottolengo; integró numerosas comisiones con fines benéficos, apostolados y cofradías, todas en la búsqueda del bien común, y  siempre en procura de que su pueblo adoptivo avanzara honradamente bajo la protección de la Virgen.

Las actividades políticas de su esposo y dirigente Tata Niella,  le sirvieron para adentrarse más aun a la idiosincrasia lugareña y darse cuenta de que el futuro de muchos jóvenes se veía acotado por un sistema educativo incompleto en Itatí, así surgió la idea, junto a un grupo de colegas docentes, de fundar la primera escuela secundaria del pueblo, la Escuela Normal Provincial Superior “Dr Pedro Bonastre”, un sueño que vio realizarse en 1962.

En 1975 Monseñor Jorge Manuel López, Arzobispo de Corrientes, la designa “Camarera de la imagen de Nuestra Señora de Itatí”, título que aceptó con mucho orgullo pero con más responsabilidad. Comenzaba una nueva etapa en su vida, y junto a las Señoras con quienes compartía esta singular y honrosa actividad, tenía el desafío de hacer que la Madre de todos se viera siempre radiante tal cual es, aunque era consiente, y como manifestara en más de una ocasión, “Una hace lo posible, pero Ella siempre nos ayuda con su belleza natural”.

Numerosos viajes, visitas a otros santuarios marianos, congresos y encuentros pastorales fueron la inspiración de innovaciones que se tradujeron en acciones  en sus actividades apostólicas. Algunas perduraron en el tiempo, otras dieron paso a importantes cambios en la cotidianidad pueblerina de Itatí, que la fue considerando como una referente importante, a tal punto de haberla declarado Ciudadana Ilustre en 2014, y premiado con la distinción “María de Itatí” en 2015 en manos de las autoridades eclesiásticas.

Recordar a la Señora Yiya es hacer presente a una persona que corregía con caridad y enseñaba con dignidad, haciendo que quienes la escucharan sintieran corresponderla como hijos, tal vez sustituyendo aquellos que la vida biológicamente no le había dado, pero espiritualmente se habrían reproducido tanto como las obras que ella había emprendido.

El 4 de septiembre de 2015, el pueblo de Itatí despertaba con la sorpresiva noticia de su partida, pero ese mismo pueblo, el que la adoptó y el que ella misma decía pertenecer, entendió que la Virgen a la que tantas veces vistió en la tierra, necesitaba otra Camarera en el cielo.

Había llegado la hora de dejar que esas huellas que mostraron el camino del bien para muchas generaciones, quedaran para siempre marcadas por medio del recuerdo traducido en acciones para las generaciones venideras.

Recordarla en volver a sentirla en el corazón, y si pasa por el corazón, seguro nos llevará a una de sus muchas buenas acciones. Que el ejemplo de vida de la Señora Yiya nos impulse a imitar sus obras por el bien de nuestra comunidad y de quien las necesite.

Teresita González Azcoaga

23/04/2016 

Articulo publicado en Revista "El Mensajero de Nuestra señora de Itatí" - Edición Especial 100 años -  Julio 2016




jueves, 3 de febrero de 2022

Maestros Argentinos: Una experiencia inolvidable

Un día recibí una invitación de un colega, Germán Soto. Me proponía formar parte de un equipo de docentes para participar de un concurso. Con la intensidad y entusiasmo que caracteriza su relato, le contesté que siempre que fuese para el bien de la escuela, contara con mi apoyo, pero que al otro día y con más tiempo conversaríamos mejor.

Fui a casa solo con un nombre “Concurso Maestros Argentinos” y con esa curiosidad empecé a buscar en internet de qué se trataba el concurso. Con algo de información, al otro día volví a reunirme con Germán y una vez obtenida la autorización por parte del equipo de conducción de la Escuela, empezamos a trabajar para contar en qué consistía nuestra Expo Beltrán.

La invitación se extendió a todos los docentes de la escuela, cada uno debería aportar imágenes y experiencias de la trayectoria de nuestra Expo Beltrán que, para entonces, llevaba cinco ediciones y en su itinerario se evidenciaba la consecución de los objetivos generales formulados inicialmente.

Con el correr de los días, se fueron organizando equipos de trabajo cada uno con un referente, los equipos eran quedaron conformados así: Ciclo Básico a cargo de Judith Camnasio, Formación Profesional a cargo de Germán Soto, Tecnicatura en Automotores a cargo de Jorge Escobar, Tecnicatura en Electricidad a cargo de Oscar Melgratti y Tecnicatura en Gestión y Administración de las Organizaciones a cargo de Teresita González Azcoaga.

La conformación de equipos tenía como objetivo principal recopilar toda la información, para contar por medio de un perfil de Facebook el camino recorrido desde 2012 a 2016. En las bases del concurso se solicitaba expresamente que no se incluyeran fotos ni videos, es por que debíamos buscar la estrategia para mostrar aquello que habíamos hecho por años. Así se le ocurrió a Germán, incorporar al informe diferentes enlaces que transportaran a esas páginas.

Comenzamos a contar todo lo que habíamos hecho durante años por medio de relatos, imágenes y videos en nuestra página. Fueron madrugadas de mucho trabajo, al hecho de recopilar información, habría que sumar el ordenamiento y la edición de aquel material. Recuerdo que un viernes por la tarde, como responsable de mi tecnicatura, me senté a las 17hs a terminar la edición de la página y terminé a las 3 de la mañana, ya que a las 8 de ese mismo día salía de viaje con unos amigos.

La escuela se movilizó para aportar información, al final aquello que parecía, en un principio, no tener tanta repercusión, se convirtió en un entusiasmo general no solo de estudiantes y equipo docente, sino también de ex alumnos que comenzaron a participar como protagonistas de este nuestro gran evento institucional llamado Expo Beltrán.

Entre los 20

Corría el mes de junio, todo estaba presentado, solo habría que esperar algún tipo de información por parte de los organizadores del concurso, pero las esperanzas estaban, ya que habíamos contado nuestra experiencia y sobre todo, mostrado de mil maneras diferentes que el objetivo de reducir la deserción escolar en nuestra escuela se había logrado notablemente, como así también se había logrado fortalecer la cultura institucional, el trabajo colaborativo, el sentido de pertenencia, se elevó el número de ingresantes y se logró optimizar el proceso de selección de las tecnicaturas por parte de nuestros estudiantes. Esto eran solo algunos de los objetivos que con orgullo y prudencia contábamos en nuestro informe. Sabíamos, por la página oficial del concurso, que habían más de 500 instituciones postuladas para este premio, la ilusión estaba presente, como también así la prudencia al no crear falsas expectativas en nuestros estudiantes.

Los días fueron pasando, hasta que el viernes 7 de julio luego del acto en conmemoración al Día de la Independencia Argentina, estando yo en secretaría, veo a Germán Soto venir corriendo desde taller gritando “¡estamos entre los 20!”. Con Griselda Muñóz, secretaria de la escuela no entendíamos mucho, pero sabíamos era algo muy bueno, y es que nuestra Expo Beltrán estaba postulada entre los 20 mejores proyectos del país. Un correo electrónico lo confirmaba, y los mensajes entre docentes comenzaron a reproducir la buena nueva.

Esa noche yo viajaba a Buenos Aires, y recuerdo que estando en el aeropuerto de Resistencia todavía conversaba vía mensajes con Germán preguntando si era cierta esta noticia. Yo no tenía dudas de que nuestro trabajo era valioso, pero al haber tantas escuelas postuladas, tenía mucho respeto hacia ellas.

Subí y bajé del avión pensando en el concurso Maestros Argentinos, y todo el fin de semana lo seguí pensando. Era un logro importantísimo para nuestra escuela, haber llegado a esta instancia ya era ganar, pero también, entusiasmaba pasar a la siguiente fase. El próximo paso consistía en hacer una presentación vía skype frente al jurado del concurso y quedaban pocos días para ello.

Presentación ante el jurado

13 de julio de 2017 a las 10hs fue la fecha y hora asignada para que el equipo de docentes que representaba a la Escuela Técnica Fray Luis Beltrán tuviese una entrevista con el jurado del Concurso Maestros Argentinos. Había que ser estrategas con el tiempo, ya que resultaría escaso para contar todo aquello que queríamos sobre nuestra Expo Beltrán. Pero como todo equipo de trabajo unido, no podíamos dejar fuera de esta experiencia a los protagonistas de esta historia que estábamos escribiendo. Fue así como en medio del patio interno de nuestra escuela se armó el telón, como en todo acto importante, y se les invitó a todos los cursos del turno mañana a participar de la conexión vía Skype con el jurado. Nuestros estudiantes sabían perfectamente de qué se trataba esta entrevista, y por eso no hubo necesidad de negociar, el respetuoso silencio se hizo presente ni bien salieron con sus sillas alrededor del patio para ser testigos de algo trascendental que estaban viviendo es su escuela, esa escuela de barrio que habían elegido para formar parte de ella.

Emoción, nerviosismo y ansiedad se conjugaban con los celulares en alto para captar imágenes y videos de ese momento impensado. Y comenzó la entrevista donde cada docente referente expuso sobre su campo del saber trabajado, también hizo lo propio el Rector de la Escuela Horacio Martínez quien dio una referencia general de la historia institucional.

Ocho fuimos las personas que tuvimos el honor de hablar sobre nuestra Expo Beltrán, pero detrás de cámara y junto a nuestros estudiantes estaba todo el personal docente y no docente en miles de detalles: los que prepararon este escenario, el que manejaba la cámara de la computadora, los que controlaban que no se cortara la conexión de internet y los que acompañaban a los estudiantes.

Nuestra exposición finalizó con un paneo general hacia ellos, los estudiantes, que con la euforia propia del momento brindaron un fuerte aplauso a este acontecimiento increíble para todos. El jurado, por su parte, tuvo el detalle de saludarlos y desearles éxitos en todo lo que se viviera posteriormente. Yo en ese momento, al escuchar las palabras del jurado, me atreví a pensar que pasaríamos a la siguiente etapa, pero solo pensé, decirlo me parecía un acto de soberbia.




Entre los 10

Y así pasaron los días, llegó el receso de invierno, y la esperanza crecía, hacía meses que el nombre de nuestra escuela figuraba en diarios locales y portales regionales. Eso me enorgullecía, pero a la vez incrementaba mi ansiedad.

El último viernes de vacaciones, recibí un comunicado de Germán Soto, donde nos informaba que, para el martes siguiente, debía preparar los stands de la última edición de la Expo Beltrán, ya que un equipo del Ministerio de Educación iría a tomar registro audiovisual de los trabajos más representativos de nuestra Expo Beltrán. Para ello, a primera hora del día lunes, tuvimos que pedir autorización a todos los tutores para la cesión de imagen y sonido, fue un trabajo agotador para los preceptores, ya que las tomas serían generales y en un día normal de clases. Pero nuevamente logramos, las autorizaciones estuvieron listas y los stands presentados con todo esmero. Yo estaba a cargo del trabajo “360 soluciones verdes” que consistía en la fabricación y comercialización de abono orgánico a partir de los desechos que generaba nuestra escuela, pero no era el único de la Tecnicatura en Gestión y Administración de las Organizaciones, también estaba un trabajo muy bien logrado a cargo de Erika Acevedo con los estudiantes de 4to 1era, se llamaba “Revolución de mercado” que mostraba la evolución del mercado al desarrollarse códigos de comercio que dieron lugar a la aparición de las empresas actuales. La Tecnicatura en Automotores presentaba “El auto eléctrico solar”, por su parte la tecnicatura en Electricidad presentó “El Semáforo Azul” un proyecto que permitía dar color verde a los vehículos en situación de emergencia (Policía, Bomberos, Ambulancias y otra de color azul para advertir a los automovilistas, motociclistas, ciclistas y peatones de la situación de emergencia. Por su parte ciclo básico, trabajaba con robótica presentando diferentes tipos de robots fabricados por los estudiantes y en la mayoría de los casos con productos reutilizados.

La escuela estaba movilizada, las clases continuaban, pero también había un aire festivo, como si estuviésemos viviendo una Expo Beltrán, pero en invierno. En los recreos nos encontrábamos con camarógrafos y personas extrañas a nuestra escuela que, al hablarnos con admiración, alimentaban las ilusiones con las que hacía meses convivíamos.

El segundo día de visita, llovió por la mañana y eso retrasó por algunas horas las grabaciones que debían hacerse en el sector de taller, no obstante, los estudiantes que participarían de esas tomas, estuvieron presentes y no se perdió el día de trabajo.

Recuerdo escuchar por la radio, que ese mismo día, 1 de agosto de 2017, que visitaría Corrientes el entonces presidente de la Nación Ingeniero Mauricio Macri, no dí mucha importancia, ya que estaba muy enfocada con lo que estábamos viviendo en nuestra escuela. Pero al mediodía, al salir de la escuela, se acerca nuestra inquieta Secretaria Griselda Muñóz y me comenta que escuchó por radio que el presidente visitaría una escuela agro técnica de Capital. Por un momento la miré, y le dije: “¿Seremos nosotros? aunque no somos agro técnica, pero los periodistas se pueden equivocar”, ella me respondió que estaba pensando lo mismo. Con esa inquietud fui a casa, debía volver a las 14,30hs para seguir trabajando, y así fue, al volver, me encontré en la entrada de la escuela con las mismas personas que había visto a la mañana, eran cinco hombres de estaturas muy diferentes pero esta vez estaban vigilando el ingreso de docentes y alumnos al taller, también noté que todos ellos tenían auriculares puestos. Al entrar a secretaría Griselda me dijo: “Tere: ¡Somos nosotros!” manejá la información con prudencia con tus alumnos y buscá un estudiante que quiera darle la bienvenida en nombre del alumnado. En ese momento Germán Soto solicitó que todos los trabajos que se estaban exponiendo en el patio interno, se trasladaran al sector de taller. Tratando de mantener la calma trasladamos todo y fue entonces cuando reuní a mis alumnos y a los alumnos de Erika, les conté que vendría a visitarnos el presidente de la Nación, que ellos debían exponer como siempre, con total naturalidad, respeto, orgullo por el trabajo y humildad para escuchar devoluciones. También pedí si alguien quería dar la bienvenida, entonces se ofreció con mucho entusiasmo Rocío Sánchez Cubilla. Rocío era una buena estudiante, inquieta y simpática que soñaba con entrar a la Armada Argentina, me reuní con ella durante algunos minutos y me pidió que le enseñara qué debía decir. A Rocío le dije que pensara dos cosas: primero: qué le diría a una persona que vista nuestra escuela, y segundo qué le diría al presidente de la Nación. La dejé sola, en un aula por diez minutos para que elaborara su mensaje y luego la escuché, no había nada que sugerir, Rocío tenía muy claro lo que diría al Presidente de la Nación.

Pasó cerca de una hora, y la euforia y la ansiedad de nuestros estudiantes iba creciendo, para entonces las puertas de la escuela estaban cerradas y los estudiantes que iban para educación física solo entraban con un preceptor que los acompañaba hasta la cancha. La señal de los celulares empezaba a disminuir, y cada vez llegaban más periodistas. Como para dejar constancia del momento histórico que estábamos viviendo se me ocurrió escribir en la biografía de mi Facebook “Hoy el Presidente se convierte en Beltraniano”, llamé dos minutos a mis padres para contar lo que estaba pasando y envié un par de mensajes a mis hermanos y amigos.

Esperamos un poco más, y en esa espera se vivía un clima de fiesta, de expectativa y de mucha emoción. No era Mauricio Macri quien nos visitaba, era un Presidente de la Nación quien venía a ver lo que hacíamos en nuestra querida escuela.

No me acuerdo qué hora era, pero si tengo la imagen clara de todos los estudiantes del ciclo básico distribuidos ordenadamente a lo largo del camino a taller, y los stands impecables en las aulas de taller, cuando llego una camioneta gris y de ella bajó el presidente de la Nación. Se acercaron a él el Vicerrector Daniel Céspedes, el entonces Jefe de Taller Mario Rodríguez, el coordinador de la Expo Beltrán Germán Soto, y la estudiante Rocío Sánchez Cubilla. Rocío me miró como esperando una señal para comenzar a hablar, Germán dió la palabra y Rocío dijo: “me llamo Rocío Sánchez Cubilla y en nombre de los estudiantes de nuestra Escuela Técnica Fray Luis Beltrán quiero darle la bienvenida e invitarlo a que pase a ver lo que hacemos acá”. El presidente reaccionó dándole un abrazo e inmediatamente comenzó su recorrida. Con mis estudiantes fui al aula donde teníamos nuestro stand y esperamos la visita, el grupo de custodios (a los que yo había visto todo el día, sin saber quiénes eran) guiaban la visita y revisaban detalladamente cada espacio, de repente entró la comitiva a nuestro salón, primero se dirigieron a mirar el stand “Revolución de mercado” y luego visitó nuestro trabajo “360 soluciones verdes”. Los estudiantes presentaron el proyecto y nuevamente fue Rocío quien tomó el frasco de abono orgánico e invitó a Macri a que observara el producto diciéndole “Huela Señor presidente”, como confirmando la excelente calidad de nuestro producto. No recuerdo con detalle que hablamos en ese instante, solo atiné a pedirle una foto con mi grupo de estudiantes a los que el presidente accedió sin problema, uno de los custodios nos tomó la foto, que más tarde se volvió viral.

Al retirarse la comitiva, la escuela quedó “revolucionada” los teléfonos volvieron a tener señal y los periodistas entrevistaban a las autoridades, estudiantes y profesores. Los estudiantes del proyecto “Semáforo azul” salieron a dar la buena nueva, es que el Presidente al visitar su stand dijo una frase que todos queríamos escuchar: “Vengo a comunicarles que están entre los 10 mejores proyectos del concurso Maestros Argentinos”. Todo era perfecto, y nuestra escuela era el mejor lugar en el que podíamos estudiar y trabajar.


El viaje

Una fecha teníamos en mente: 4 de septiembre de 2017, y el mes de agosto parecía correr tan lentamente que esa fecha parecía inalcanzable, es que era el día en que sabríamos qué premio recibiría nuestra Escuela. Ese día el equipo de docentes referentes debía estar presente en el Centro Cultural Kirchner para traer el premio, que aún no sabíamos, ya que ese mismo día nos enteraríamos de la posición en que había quedado nuestra Expo Beltrán. Pero teníamos claro que estar entre los diez mejores proyectos educativos del país ya nos hacía ganadores, estábamos felices, ansiosos, orgullosos, pero siempre con los pies en la tierra.

El viaje se fue preparando, y en el devenir vertiginoso de esos días, se olvidaron de incluirme en la lista de docentes referentes, es decir, que la lista tuvo un error por parte de mi escuela.

Griselda Muñoz estaba muy afligida pidiendo mil perdones, mientras Germán Soto trataba de subsanar el error comunicándose con los organizadores, los pasajes ya estaban listos, y mi lugar estaba ocupado por Walter Palacios, un gran referente de la Tecnicatura en Automotores.

Fiel a mis creencias de que “Dios todo lo acomoda para bien” yo me preparé para viajar por mi cuenta, puesto que la organización me otorgaba, sin costo, la entrada al evento y todas las actividades de ese día. Entonces decidí viajar sola el viernes por la noche y esperar al equipo docente que llegaría la noche del domingo, tal fue mi sorpresa que, esperando colectivo en la terminal de Corrientes, me encontré con la Profesora (de mi secundaria de Itatí) Elisa Paoloni, quien me dio su característico abrazo y deseando éxitos. Sería la última vez que nos veríamos en esta vida.

Al llegar a Buenos Aires me alojé en el departamento de mi familia y ese día sábado caminé todo el día por la ciudad, sola, sin prisa, pero con la cabeza puesta en el evento que nos esperaba. Mis alumnos enviaban mensajes de aliento, y preguntaban miles de cosas, entonces, estando en la Catedral de Buenos Aires les propuse mostrarles ese histórico lugar donde además descansan los restos del Padre de la Patria. Así fue como un sábado por la siesta dí mi primera clase vía WhatsApp, sin imaginar que tres años después, con el advenimiento de una pandemia, ese formato pasaría a ser una práctica docente.

El domingo por la noche fui al Aeroparte Newbery a esperar a mis compañeros, esta vez ya estaba acompañada por mi hermano Humbi que había viajado desde San Miguel y quien, como toda mi familia, seguía atentamente las instancias del concurso. En Aeroparque nos encontramos los seis: Germán Soto, Judith Camnasio, Oscar Melgratti, Jorge Escobar, Walter Palacios y yo, y nos saludamos como si hubiese pasado un siglo desde la última vez que nos habíamos visto. Estaba todo listo, solo faltaban horas para el gran evento. 


Con la Profesora Elisa Paoloni en la terminal de Corrientes


Sábado a la siesta caminando por Bs AS fui al CFK

Domingo por la noche, a horas de la premiación.

La premiación

Lunes 4 de septiembre de 2017, llegó el esperado día. Con mi uniforme impecable, fui hasta el hotel a sumarme a mis compañeros para ir al Centro Cultural Kirchner, estaba estacionado un colectivo que llevaría a los diez equipos docentes del país. El espíritu era festivo, nos saludábamos con los docentes de otras provincias, intercambiamos chistes y experiencias del viaje. Al subir al colectivo, también lo hizo un grupo de estudiantes de Jujuy, no entendíamos por qué había estudiantes, ya que a nosotros no nos habían permitido llevar alumnos. Llegamos al Centro Cultural y luego de pasar por varios controles de ingreso, esperamos en el hall central, en ese momento nos encontramos con el Rector Horacio Martínez, la secretaria Lucy Rodríguez, el Jefe de Taller Mario Rodríguez y la Profesora Ramona Rodríguez quienes habían hecho un maratónico viaje en auto para no perderse el evento. Beltrán ya tenía once representantes, sumado a mi hermano Humbi que pudo ubicarse en la platea para tomar las mejores fotos. Tal vez no teníamos la hinchada bulliciosa que llevó la provincia de Salta, tampoco nos acompañaba la Ministro de Educación como tenían casi todas las provincias, pero teníamos la Bandera de Corrientes, esa que a último momento había puesto en mi equipaje, y yo como siempre, en mi teléfono, la Bandera de Itatí. Para poder dejar algo de registro de lo hermoso que estábamos viviendo, se me ocurrió hacer un video con mi celular donde cada profe manifestaba sus sentimientos antes del inicio de este evento. Ese video más tarde fue compartido con nuestros estudiantes.

Otra vez los celulares estaban quedando sin señal, es por ello que antes de ingresar al salón azul, llamé a mis padres, y envié varios mensajes a mis afectos, quería compartir un poco de toda esa gran experiencia que estaba viviendo.

Ni bien permitieron el ingreso de nuestro equipo al salón azul, donde sería la premiación, lo primero que vimos en la enorme pantalla del escenario fue el audiovisual del auto eléctrico solar, fue inexplicable la emoción que sentí al ver un poquito de nuestra Beltrán en tal escenario.

Antes de comenzar el acto, se presentaron de manera oficial los diez audiovisuales de cada escuela participante. Respetuosamente aplaudíamos y felicitábamos a cada uno, todos eran excelentes, nuestra Expo Beltrán no quedaba atrás.

El acto comenzó cuando el Presidente Mauricio Macri llegó al lugar acompañado por el Ministro de Educación Alejandro Finochiaro, y luego de las palabras protocolares de la Secretaria de Innovación Mercedes Miguel, comenzó la premiación con las menciones especiales a aquellos trabajos destacados en innovación. Continuó luego con la premiación a los diez equipos.

El anuncio del décimo lugar lo escuchamos con mucho detenimiento y fue para el proyecto “Las ciencias en el nivel inicial” Club de ciencias "Galileo Galilei", jardín de infantes N°18 "Islas Malvinas Argentinas" de Santa Cruz. Luego nos preparamos para escuchar el novemos lugar, y allí apareció proyecto “Expo Beltrán” de la Escuela Técnica Fray Luis Beltrán de Corrientes, nuestra emoción fue tal que quedamos como paralizados en nuestros lugares esperando que el equipo de protocolo nos indicara por donde subir al escenario. Yo con la Bandera de Corrientes en mano, no tardé en hacerla flamear orgullosamente en ese inmenso escenario, como queriendo en ella mostrar no solo a toda nuestra comunidad educativa sino también poner en alto la Educación Técnica y pública de nuestra provincia de Corrientes. En ese momento que duró unos pocos minutos, quise subirlos a todos al escenario, a los que estuvieron antes que yo en la escuela, a los que confiaron en mi trabajo, a cada uno de mis estudiantes, a mis maestros y profesores de mis escuelas de Itatí, a mi familia que siempre estuvo apoyando mis locas ideas, y en especial a mi abuela Clotilde Niella de Azcoaga, quien también vivió una experiencia similar cuando su querida escuela Nacional obtuvo un reconocimiento nacional en manualidades.

La premiación continuó y los puestos quedaron distribuidos de la siguiente forma: 8vo lugar para el proyecto "Sentir, percibir, expresar: una forma de aprender" de Río Negro, séptimo lugar "Laboratorio Móvil en domicilios y hospitales" de Salta, sexto lugar "Taller de Robótica Educativa" de Río Negro, quinto lugar Proyecto de Asistencia Social (PAS) BRAILLE de Río Negro, cuarto lugar "Escuela Secundaria Tekoa Fortín Mbororé" de Misiones, tercer lugar "En el rincón de los sueños, valoramos la primera infancia" de Tucumán, segundo lugar "Radio Gutiérrez", una radio escolar con apoyo audiovisual de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y el primer lugar obtuvo el proyecto "Producción de recursos multimediales y audiovisuales para el desarrollo de experiencias de investigación en la elaboración de productos tecnológicos para la comunidad regional y rural” de Jujuy. Ahí entendimos que los estudiantes que habían subido al colectivo que nos llevaba al Centro Cultural Kirchner eran de la Escuela de Jujuy.

Al terminar la premiación habló el Presidente de la Nación y nos invitaron a subir al escenario a los diez equipos docentes para realizar unas tomas, fue entonces que, con una mezcla de desparpajo y emoción propios del momento, dije a Mauricio Macri: “¡Señor presidente, una foto con los correntinos!” Se acercó, sin problemas diciendo: “¿Son los del auto eléctrico?” y así se tomaron varias imágenes, muchas de ellas por mi hermano desde la platea, que se reprodujeron en portales y diarios de Corrientes.

Al terminar todas las tomas fotográficas, nos dirigimos al hall principal donde nos brindaban un refrigerio para luego trasladarnos nuevamente al hotel y esperar el vuelo de regreso, mientras contestábamos los miles de mensajes de nuestros colegas, estudiantes y por supuesto la familia y amigos. German Soto se encargaba de atender los llamados de la prensa y comenzamos a ver en las redes la repercusión que había tenido nuestra participación en este evento. Esa tarde no tuvimos ninguna actividad, mi equipaje ya se encontraba junto a los de mis compañeros, entonces decidí a dar unas vueltas, estaba muy emocionada, feliz y aturdida, lloraba con cada mensaje recibido (cosa muy rara en mi), uno de esos mensajes decía: “Tere queremos una foto” era en el grupo de whatsaap de mi promoción de la escuela secundaria, fue ahí cuando pedí a Judith Camnasio que me tomara una foto mostrando la Bandera de Itatí que tengo en mi celular, y así con los ojos hinchados de llorar, publiqué en mis redes sociales agradeciendo la educación pública recibida en mi pueblo. Esa cara con ojeras y lágrimas eran el reflejo de los que estaba viviendo y no tenía por qué ocultar.

Esa noche llovió y a la madrugada salimos rumbo a Aeroparque a tomar el vuelo de las seis.






Con mi Bandera de Itatí

El regreso

Salimos con llovizna de Buenos Aires y una hora y media después retirábamos nuestros equipajes en aeropuerto Piragine Niveyro de Corrientes. Griselda Muñóz se encargó de que todos fuéramos directamente hacia la escuela y cerca de las ocho estuvimos allí como si fuera un día normal de clases. Pero tal fue nuestra sorpresa, que nos recibieron con carteles elaborados por nuestros estudiantes y la banda de la Policía de la Provincia, allí entregamos la Bandera de Ceremonias, la medalla y el diploma que habíamos custodiado celosamente por 24 horas. Nuestro recibimiento fue hermoso, cálido, con un poco de glamur y con mucho cariño, como suelen ser los festejos en Beltrán. Los abrazos y las fotos se reprodujeron mil veces, nunca voy a olvidar un cartel que hicieron mis estudiantes de 7mo 1era que decía “Tere tiene aguante”, y el pizarrón con un banner que decía “9no puesto Maestros Argentinos bienvenidos ganadores”. Todo era fiesta y emoción, tanto es así que hasta bailamos un chamamé (km 11) al son de la banda, y luego compartimos un gran desayuno en secretaría. La lluvia intermitente no opacó el festejo, ni mucho menos las ganas de seguir trabajando por una Educación pública de calidad. 

La experiencia “Maestros Argentinos, sin dudas quedará entre mis mejores recuerdos, no como un evento de rasgo exitista, sino con el honor de haber formado parte del primer equipo de docentes correntinos en conseguir este galardón.  

Este reconocimiento no me encandiló, por el contrario, al otro día de haber llegado a Corrientes, seguí trabajando como cada día en mi querida escuela. Al recordar este premio renuevo mi compromiso con la Educación Técnica pero sobre todo con cada uno de sus protagonistas: los estudiantes.
















Las platitas

Hace muchos pero muchos años, antes de ingresar a la escuela primaria, tenía la costumbre de jugar al negocio vendiendo cualquier cosa a mis...