Cuando alguien me pide que me describa, lo primero que digo es esto: “Soy Teresita González Azcoaga, nací en Itatí, Provincia de Corrientes Argentina”. Y ahí me quedo, como si estos datos fuesen más que suficientes para darme a conocer, pero tengo algo más para contar.
Me tocó ser
la cuarta de cuatro hermanos con quienes tengo una relación particularmente
hermosa a pesar de nuestras diferentes personalidades. Crecí en un pueblo,
donde muchos nos conocíamos o por lo menos creíamos conocernos, cursé la
escuela primaria y secundaria e hice todo lo que me llamó la atención en Itatí,
hasta que el tiempo de estadía allí se agotó cuando quise dar otros pasos que
no encontraba en mi pueblo natal.
Entonces, al
terminar la secundaria, fue a vivir a Corrientes con dos de mis hermanos, una
experiencia hermosa, de crecimiento personal con grandes pasos en poco tiempo.
A Corrientes fui con la ilusión de estudiar aquello que sabía me gustaba, así, inicié
una nueva vida entusiasmada y con muchas expectativas.
Mi primera
casa de estudios fue el Instituto Superior Nuestra Señora de la Misericordia I
– 29, donde egresé como Técnica Superior en Administración de Empresas, carrera
que había elegido luego de un largo período de discernimiento silencioso, y
cuya elección fue sorpresiva para algunos profesores de la secundaria que me
consideraban más cercana a las Ciencias Humanísticas que a las Económicas.
Al mismo
tiempo cursé el último año del Profesorado de Piano Teoría y Solfeo en el
Conservatorio Fracassi. Mi primer año en Corrientes fue intenso, de muchas actividades
y de nuevos amigos, con algo de temor a perder el tiempo y producir un gasto
innecesario a mis padres que ciegamente confiaban en mí.
Al egresar
del Instituto Misericordia, continué estudiando la Licenciatura en
Administración en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional
del Nordeste y más tarde el Profesorado en Ciencias de la Administración en el
Instituto Superior San José I- 27. Cada una de estas instituciones sin dudas dejó
una huella en mi vida, no solo en el aspecto académico, sino además de
crecimiento personal.
El "arranque" de mi actividad Laboral
Mi
actividad laboral comenzó por sorpresa, como se da casi todo en mi vida, la
primera vez que trabajé fuera del ámbito familiar fue dando clases particulares
de teclado a una niña, se llamaba Ximena y era hija del preceptor del Instituto
Misericordia, Omar, junto a su esposa me abrieron las puertas de su casa para
que yo pudiera introducir paulatinamente a su hija de cinco años al mundo de la
música.
Más
adelante, comenzando la facultad, Pablo, uno de mis primos de Córdoba me
propuso trabajar con él para una empresa láctea de esa provincia cuya sucursal se
abriría en Corrientes. ¡Cuánto aprendizaje y responsabilidad en esta empresa!
Ocho meses después, la crisis económica obligó al directorio de la empresa a
cerrar la sucursal más joven del país, y así quedé sin trabajo, pero con un
caudal de aprendizaje.
Tiempo
después, y sin buscarla, llegó una propuesta de realizar una suplencia en el
Colegio Nocturno Islas Malvinas del Atlántico Sur, el horario laboral nocturno
permitía una combinación perfecta con el cursado universitario diurno. Es así
como de manera intermitente enseñé música a adultos durante un año, ingresando
al mundo de la docencia y empezando a reconocerme en él.
Al año
siguiente me llegó la propuesta de dar clases de música en un Centro
Profesional, previa entrevista laboral. Otro año más de trabajo me esperaba,
esta vez con adolescentes de 14 y 15 años, cada vez sintiéndome más cómoda, a
pesar de los escasos recursos de la escuela, y de una larga distancia que debía
recorrer para llegar a ella. Los meses fueron pasando y la desconocida escuela
se iba convirtiendo en un lugar cada vez más familiar, hasta que un día me
llamaron a una reunión para un nuevo ofrecimiento: formar parte del plantel
docente de la nueva Escuela Técnica, ya que el viejo Centro Profesional estaba
sufriendo una esperada reconversión por medio de la nueva Ley de Educación
Técnica.
Otras
nuevas puertas se abrían y empezaba a atrapar mi atención: la Educación Técnica,
que parecía formar parte de un perfecto engranaje con mi formación Académica.
“Dirección Empresaria” se llamó la primera materia que enseñé en la Tecnicatura
“Administración de Empresas”, y era la primera vez que me sentía plena
enseñando un poco de la Ciencia de la Administración a jóvenes de 16 años. Al año
siguiente, con la apertura de nuevos cursos, mi carga horaria fue aumentando y
a la vez despertando la pasión por la Educación Técnica, hasta que llegó el
momento en que tuve que elegir: enseñar Música o Administración.
Definitivamente me quedé con Administración…es que la Administración también es
arte, y como decía un Profesor de la Facultad, “Los administradores tenemos
algo de artistas que en cualquier momento se nos escapa, aunque sea por los
poros”.
Ese Centro
Profesional se convirtió no solo en la Escuela Técnica Fray Luis Beltrán, sino
además en mi segunda casa, un lugar donde crecí, enseñé, aprendí y muchas veces
me desvelé por tratar de dar lo mejor. En ella aparecieron personas importantes
en mi vida, con las cuales compartí todos los momentos.
En este
lugar donde acepté trabajar por un año, ya llevo casi 20 años, y es hoy el
espacio donde paso la mayor parte de vida.
Siempre me
preguntan si volvería a enseñar música, y con el respeto que tengo por el arte,
contesto que trato de hacerlo cuando alguien lo necesita o cuando se me
presenta la oportunidad de ayudar con algún acorde letra o entonación. Enseñar
a crear negocios se parece un poco a la dirección de una banda, donde todos los
instrumentos (recursos de la empresa) deben sonar armónicamente para hacer
música (llegar al objetivo)
Es fue el
comienzo, pero hay mucho más para contar…
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