martes, 24 de marzo de 2020
Una piedra llamada virus
lunes, 16 de marzo de 2020
La Escuela Normal de Itatí: Un cincuentenario entre festejos, melancolía y reflexiones
Hace unos meses se percibe en Itatí un clima raro con olor a nostalgia y alegría, como una conjunción de generaciones hablando en un mismo idioma, un idioma que pretende festejar algo fecundado por un grupo de Itateños y que hoy, nosotros, 50 años después, somos testigos de ese sueño realizado.
La Escuela Normal Superior
“Doctor Pedro Bonastre” cumple 50 años de trayectoria, y con ella todo un
pueblo se presta a festejar tantos años dedicados a la formación de jóvenes
itateños y foráneos, quienes, residiendo transitoriamente, también se han
nutrido del saber impartido por esta institución.
Durante todos estos años, en la
Escuela Normal se han vivido momentos en el que se mezclaron el amor hacia las
ciencias, el deporte y la fe, inmersos en la idiosincrasia correntina. Un gran
número de docentes ha pasado por sus aulas, algunos lugareños y otros que, con
sacrificio diario y los inconvenientes propios del transporte de la época llegaban
hasta esta institución dando de sí lo mejor.
No en vano la escuela lleva el
nombre de Pedro Bonastre, destacado emprendedor itateño, tal vez como un
vaticinio de lo que iba a ser después, una casa de estudios forjadora de
generaciones de profesionales, pero por sobre todo hombres y mujeres de bien
que, dispersos por el mundo, la llevan como emblema.
El acontecimiento que hoy nos
congrega es un hermoso motivo para evocar las aspiraciones de ese grupo de
docentes y colaboradores que percibieron una necesidad insatisfecha en el plano
educativo itateño cuando otros no veían. Esa necesidad que habla del deseo de
superación ya no como una cuestión personal, sino como ansias de realización
para todo un pueblo que por ese entonces pretendía crecer en cantidad y
calidad. Qué importantes fueron ellos, los primeros profesores, que con un afán
desmedido y sin escatimar esfuerzos se ocuparon de, no solo, emprender este
nuevo proyecto sino encaminarlo hacia el objetivo fundamental de facilitar la
educación secundaria, hasta ese entonces vedada para quienes se veían
imposibilitados de emigrar en busca de ella.
Quienes hemos transitado por sus
aulas, sabemos que, como toda organización ha pasado por momentos difíciles,
tuvo que soportar grandes tempestades y las hemos sufrido, pero tampoco podemos
olvidar los amaneceres llenos de sol, reflejados en los insignes momentos
cuando, con todo esmero, preparábamos las ferias de ciencias o campeonatos
deportivos. Con los años esos momentos
se fueron extendiendo, con la ya tradicional “Fiesta de las Promociones” de
cada 28 de diciembre, día en que con los compañeros compartimos las anécdotas
del pasado entrelazadas con las vivencias actuales experimentadas por cada
cual.
Ser egresada de esta casa de
estudios me lleva a sentir un orgullo lógico y prudente, cada vez que
corresponde señalar su nombre como parte de la trayectoria educativa en el aspecto
profesional, pues esa fue la formación que recibí y la que jamás significó
impedimento alguno para continuar estudios posteriores incluso diferentes a la
orientación del bachillerato.
Es importante además que, en el
marco de estos festejos, por cierto, muy merecidos para la sociedad itateña,
nos llamemos a la reflexión sobre la trascendencia de esta celebración, no solo
como un acontecimiento histórico más, sino como un balance institucional de lo
vivido durante este cincuentenario, con el solo objetivo de no perder la ruta
trazada por aquellos pioneros a quien debemos gran parte de la educación itateña.
Teresita González Azcoaga - Egresada de la 30ma Promoción
16 de marzo de 2012
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